Creo que es un poco tarde para cambiar mis opiniones y, además, sería una pérdida de tiempo. Sigo y seguiré sosteniendo que la famosa Constituyente fue un invento electoral más o menos afortunado en el que se entramparon todos los partidos. Nadie supo nunca qué era lo que había que cambiar en una buena Constitución Política y a nadie se le escuchó jamás el enunciado del "país refundado".
Sigo pensando que los constituyentes que se reunirán en Sucre, con bombos y platillos, ignoran, en su gran mayoría, a qué van, salvo a cumplir algunas consignas, ¡seguimos en la fase de los símbolos! Y desde luego, me parece un absurdo mayor que mientras en La Paz esté reunido el Congreso Nacional, en Sucre esté instalada la Asamblea para cambiar las leyes que aprueba este Congreso.
Sigo coincidiendo con don Carlos Mesa -¡convocador de la Constituyente!- en su juicio terrible sobre los "guerreros de la Constituyente que van a refundar el país por enésima vez". Y tengo la más absoluta certeza de que hoy, la inmensa mayoría de los votantes irán simplemente a conseguir su certificado de sufragio, para efectos de trámites, sin tener idea de por quién votan y qué propuesta apoyan, ¡porque nadie conoce a los candidatos y a sus propuestas!
Hay una novedad que es admirable. Hace unos días, anoté que fuera del MAS no había política ¡y de hecho es así! Señalé el aprendizaje político de Evo Morales en el ejercicio de la oposición y asumí que era ese aprendizaje el que le permitía un liderazgo sin competencia. Lo que no leí, ni intuí, ni pude anticipar, fue el hecho de que en la práctica del doctorado de oposición ¡pudiera llegar a fundar un partido de oposición! Y es que a raíz de la convocatoria al Referéndum autonómico y al pronunciarse por el NO, sin ambigüedad y sin ninguna duda, ha fundado, paradójicamente, el partido del SÍ. Obviamente, no es un misterio que los famosos referendos, cuando la autoridad asume posición, adquieren un carácter plebiscitario. Y Evo Morales, sensacional político, ha terminado entregando a los que no lo quieren el instrumento de oposición: ¡el SÍ!
Porque al entrar al terreno de lo simbólico, que Evo maneja magistralmente, no calculó que abría un cauce para otras referencias simbólicas que no eran las suyas. Entró al tema religioso -terreno maldito para cualquier político-, para terminar, en acto de confesión humilde, proclamando su catolicismo y el del Gobierno, en compañía de su Vicepresidente.
Sin asumir el proceso de regionalización de la política, decidió representar a una parte del país y menospreciar a otra. Tocó el tema de tierras, más que simbólico, porque hablamos de propiedad y generó la reacción. ¿Es casualidad que la enorme manifestación cruceña se convoque a los pies del Cristo Redentor, con cruzada de defensa de la religión, y que se asuma el SÍ como desafío regional? Y, por cierto, Santa Cruz fue cuidadoso de mostrar que las expresiones de esa manifestación incorporaran la idea de Nación y no se convirtieran en una reacción simplemente regional.
Yo no sé quién asesora al Presidente y si él es receptivo a los consejos. Lo que sí sé es que, desde la Presidencia, le ha otorgado al conjunto de los votantes la posibilidad de rechazar a su Gobierno con la más sencilla de las fórmulas: ¡diciendo SÍ!
No sé quién ganará y, de repente, su apuesta es buena. Pero como no es casino, sino gobierno, ¡es malo jugar a las apuestas!