Aquí no hay mano negra. Nadie piensa que armar la idea de que quieren matar al Presidente no es más que un ardid para controlar y perseguir gente, quizá tomar medios de comunicación o insertar políticas de gobierno al fiel estilo chavista o castrista, donde la libertad de expresión está relegada a un segundo plano. Es que no nos olvidemos, ¡alguien desea matar al Presidente!
La cosa se pone más fea día que pasa. Alguien quiere matar al Presidente de la República y de verdad que eso sí es grave. En un país como el nuestro, con una vida republicana tan azarosa, han sido contados los episodios donde la integridad del Primer Mandatario era parte de un objetivo. Generalmente lo que buscan los contendientes es liquidar a alguien políticamente, darle muerte civil. Por supuesto, aquello conlleva cierta dosis de maldad que muchos no comparten, pero así es la política. Como decía Darwin, la historia se repite, y es ese uno de los errores de la historia. Cadáveres políticos que deambulan en busca de cobrar nuevamente notoriedad. Sucede no sólo en Bolivia, ocurre en otros países con igual o mayor carga emotiva. Sin embargo, a ningún mortal, con cinco dedos de frente y con un mínimo de amor al prójimo, se le ocurriría pensar en asesinar a otro mortal, menos al Presidente, a no ser que haya un loco como Oswald por ahí suelto.
Por lo tanto, aquí tenemos dos caminos, o nos solidarizarnos con Dn. Evo Morales y salimos al frente en defensa de su integridad física, o no le creemos, por esa suerte de paranoia que hace que anuncie a los cuatro vientos que hay un chiflado deambulando por ahí, que tiene aire oriental, que ha sido votado por la mayoría de los cruceños para que sea su primer Prefecto electo y que es capaz de contratar 20 sicarios, armados hasta los dientes, con traje de campaña, con lo rostros camuflados con betún y prestos a hacer tiro al blanco con su figura.
El sentido común, tan poco común en estos tiempos, me dice que para adoptar uno u otro camino, debe uno analizar los hechos, confrontarlos y luego sacar conclusiones.
El primer elemento es, sin duda, el parte policial que anunció que el "Oswald boliviano" tomó contacto con el comandante de radio patrulla 110 a través de su línea privada, y le contó que se estaría gestando un ataque contra la integridad de Evo Morales, y que para ello, habrían arribado a La Paz 20 individuos con acento cruceño y que los mismos serían nada menos que ex oficiales militares y de policía dados de baja.
El segundo elemento nos lleva a las declaraciones de Evo Morales a Le Monde. Dijo Dn. Evo que "algunos miembros del Alto Mando Militar han sido contactados. El prefecto de Santa Cruz (Rubén Costas, líder de la oposición) ha visitado algunos cuarteles. El jueves, antes de la concentración de La Paz, el comandante de la Policía me ha advertido que 20 especialistas ex militares habían llegado de Santa Cruz para asesinarme. He tenido que utilizar un chaleco antibalas."
Ahora sí que la cosa está más fea. No sólo los imperialistas de todo el mundo desean que Dn. Evo desaparezca, sino que ahora la CIA, DEA, FBI, seguramente Walt Disney, la CNN, los Mets de NY en fin, todo lo que representa libre mercado y competencia, buscan que uno de los hombres más importante del planeta, me refiero a nuestro Sr. Presidente, desaparezca. ¡Que jodido!. Nos lo quieren matar. Todos desean que la espectacular, bien pensada y genial política de nacionalización de los hidrocarburos fracase, tanto como la Asamblea Constituyente, que recordemos, controlada por el MAS, se ha pasado por las barbas todo nuestro ordenamiento jurídico hasta el extremo de colocarla por encima de los poderes constituidos. Sí señor. La derecha boliviana (?) quiere que la Asamblea Constituyente fracase y, para ello, el imperialismo y la oligarquía cruceña desean que el Sr. Presidente ya no respire más. Con ayuda de la Burger King, de Donald Trump o hasta del propio Bill Gates, --hombre acostumbrado a hacer caridad porque platita es lo que menos le hace falta--, o de quien fuere, lo importante es que sea gringo, que sea el símil de la opulencia y prosperidad americana, aquella que se piensa es enarbolada en la media luna y, en especial, en Santa Cruz, con los quinientos mil terratenientes y oligarcas que llenaron libros para que se convoque a un referéndum sobre autonomías y anidaron El Cristo en señal de que carajo, ¡habían habido 500.000 oligarcas! Pues sí, en todo este conglomerado, hay un Lee Harvey Oswald a la boliviana que representa a lo más infame de este mundo, al capitalismo, al que produce la coca cola, la hamburguesa, los automóviles, los celulares, la chamarra y los blue jeans, y que además de no gustar de nuestro Presidente, oh no, ¡lo quiere matar!
¿Sabe qué es lo bueno?, que en todo este cuento, nada tienen que ver cubanos ni venezolanos. Nunca se me habría ocurrido sospechar de que esta es una tramoya pensada para "patear el tablero" de los acontecimientos; para distraer la atención de Huanuni; para generar un sentimiento de solidaridad con el hombre que nos gobierna. Para nada. Aquí no hay mano negra. Nadie piensa que armar la idea de que quieren matar al Presidente no es más que un ardid para controlar y perseguir gente, quizá tomar medios de comunicación o insertar políticas de gobierno al fiel estilo chavista o castrista, donde la libertad de expresión está relegada a un segundo plano. Es que no nos olvidemos, ¡alguien desea matar al Presidente!