Ir de San Antonio a Agronomía en tren eléctrico lleva 20 minutos
De San Antonio a Agronomía en tren eléctrico, el nuevo medio de transporte en la ciudad de Cochabamba, se tarda 20 minutos.
Antes de que el primer tranvía de la línea roja parta ya hay una fila de pasajeros ansiosos de hacer este recorrido de 5,5 kilómetros. Ni bien se abre la puerta de la estación central de San Antonio, en la avenida 6 de Agosto y Barrientos, todos entran ordenadamente y son recibidos por el personal de
Mi Tren, la empresa que administra este nuevo servicio.
De inmediato, se les informa sobre cómo podrán comprar el boleto una vez que se fije el precio del pasaje, las frecuencias y horarios de salida. Habrá tres opciones: en ventanilla, en la maquina de boletos y con tarjeta.
Luego, más de 60 pasajeros suben hasta el lugar de la salida. Unos van por la escalera mecánica y otros por las de concreto. Arriba los esperan cuatro vagones del tren ligero, un modelo Metelitsa azul hecho en Bielorrusia por Stadler Rail, que funciona con electricidad. No necesita combustibles fósiles, como el diésel o la gasolina.
Las puertas se abren automáticamente y los pasajeros ingresan. En cada módulo pueden ir 60 pasajeros sentados y unos 30 de pie. Adentro, el aire es fresco, cada usuario toma su lugar e incluso unos músicos llevan sus instrumentos y tocan cuecas, cumbias y taquiraris.
Cada vagón tiene wifi, enchufes para artefactos electrónicos, pantallas informativas en castellano, quechua e inglés.
El tren que recorre la línea roja de la estación central de San Antonio hasta la Facultad de Agronomía de la UMSS tiene cuatro vagones. En tanto, la verde, tres. Se espera la llegada de cinco más para la línea amarilla.
A la hora de la salida, se cierran las puertas del tren y comienza a avanzar por la vía en placa de forma suave. Todo el trayecto dura 20 minutos y el tren se detiene un minuto en cada uno de las siete paradas. (Ver infografía).
Si bien hay varios pasajeros parados, no hay empujones ni roces como sucede en el transporte motorizado. Tampoco frena de golpe o parte de improviso. Nada a esa sensación de ir como “un costal de papas”.
En cada parada se anuncia la llegada y salida tanto en las pantallas informativas como por los parlantes de comunicación. En todo el trayecto el transporte motorizado se detiene en los cruces de vías y le da prioridad al tren, así que tampoco hay “trancaderas”.
En el recorrido algunos pasajeros ven el camino que está rodeado de casas y la avenida Petrolera, que está cerca a la vía, donde hay un tráfico intenso. Al fondo se ven los cerros de Ticti Sur, Valle Hermoso, Universitario, Santa Bárbara y otros llenos de construcciones.
Otros están con sus celulares ajenos a lo que sucede a su alrededor. También están quienes sostienen largas conversaciones por el teléfono móvil sin reservarse nada. Al llegar a la parada final algunos quieren bajarse del tren, pero no saben qué hacer, a dónde ir o qué transporte los puede llevar más allá, quizá al valle alto, a Tarata o a La Angostura, pero como no hay ninguna alternativa optan por volver otra vez a la estación central.
Han sido 20 minutos de un transporte diferente, confortable, seguro, pero que muchos esperan que no sea sólo un paseo, sino una rutina para ir al trabajo, al mercado, a estudiar y a casa.
Inicio y gestión del financiamiento
El proyecto del tren metropolitano de Cochabamba se comenzó a ejecutar el 13 de septiembre de 2017 como una alternativa para descongestionar el transporte motorizado y reducir la contaminación.
En el gobierno de Evo Morales y Álvaro García Linera se gestionó un financiamiento externo, pero se optó por destinar 447 millones de dólares del TGN.
La obra se adjudicó por invitación directa a JOCA de España (ahora URBAS) y Molinari de Suiza. La línea roja se entregó en un 100 por ciento el 13 de septiembre de 2022 en la gestión de Luis Arce. La verde está parcialmente, falta la amarilla.























