El religioso Juan Marot le regala a Cochabamba el mejor pesebre y gana el concurso municipal
En un espacio muy singular conocido como la Inspectoría Salesiana “Nuestra Señora de Copacabana”, la Navidad tiene forma de cartón, olor a pintura y el pulso sereno de unas manos que no se rinden al tiempo. Allí, a sus 97 años, el hermano Juan Marot, salesiano coadjutor nacido en Barcelona, España, continúa regalando a la ciudad un testimonio silencioso de fe, paciencia y creatividad.
El salesiano arma pesebres desde que tenía apenas 15 años. No es una costumbre pasajera: es una vocación que lo ha acompañado toda la vida. Llegó a Bolivia en 1961, donde formó a generaciones de jóvenes. Fue carpintero, artesano y maestro de teatro durante años. Muchos aún lo recuerdan como el gran director y formador exigente.
Cada año, cuando las celebraciones navideñas concluyen, él vuelve a empezar. El 26 de diciembre, mientras otros guardan adornos, el hermano Marot ya piensa en el pesebre del año siguiente. Recolecta cartones, papeles en desuso, listones de madera, carpicola y pintura. Con esos materiales construye escenas que no buscan deslumbrar; sino, transmitir sentido. A pesar de las dificultades propias de la edad, como problemas de vista y audición, lo hace todo con sus propias manos.
Tanto fue su movimiento constante de cartón, herramientas y estructuras que el comedor salesiano quedó pequeño. Lo que comenzó con tres o cuatro escenas fue creciendo año tras año, hasta presentar más de seis escenas bíblicas cuidadosamente elaboradas. Por eso, se le habilitó un espacio: su taller de carpintería. Allí, entre madera, pinceles, tijeras y restos de pintura, Marot sigue predica sin palabras.
El pesebre no solo se observa, se recorre con la mirada. Las casas están pintadas una por una y tienen relieve y profundidad. El cielo fue pensado como una estructura propia, y los pájaros parecen volar, sostenidos por alambres casi invisibles. Según el ángulo desde donde se mire, el conjunto cambia. Las imágenes son impresas, pero él se encarga de darles forma, de hacerlas mantenerse en pie, de rodearlas de árboles, palmeras y caminos que conectan cada escena.
Año tras año, el armado es distinto. En esta ocasión incorporó citas bíblicas en cada escena, como una forma de recordar que la Navidad no es una festividad que pasa de largo, sino una historia real, marcada por la fe, la huida, el miedo y la esperanza vivida por Jesús, María y José. Para el próximo año, el hermano ya inició nuevos trabajos, como la elaboración de rocas, anticipando que la historia continuará.
Su dedicación fue reconocida. Su obra ganó el primer lugar del concurso “Pesebres Navideños 2025”, organizado por la Alcaldía de Cochabamba, entre 18 participantes del municipio de Cercado. “Yo lo hago con cartón y listones de madera; como soy carpintero no puedo dejar la madera”, dice con sencillez. A sus 97 años, Juan Marot sigue enseñando sin palabras. Con cartón reciclado y manos firmes, nos recuerda que la fe también se construye despacio, escena por escena, durante todo el año. A sus 15 años, también, ganó un premio por el mejor pesebre en el oratorio de Badalona (ciudad mediterránea de Cataluña, España).
























