Israel comete crímenes de lesa humanidad al vaciar campos de refugiados
El desplazamiento forzoso de la población de tres campos de personas refugiadas en Cisjordania, llevado a cabo por el gobierno israelí entre enero y febrero de 2025, constituye crímenes de guerra y de lesa humanidad, señaló hoy Human Rights Watch en un nuevo informe. Las 32.000 personas expulsadas no han podido regresar a sus hogares, muchos de los cuales fueron deliberadamente demolidos por las fuerzas israelíes.
El informe, de 105 páginas y titulado “‘All My Dreams Have Been Erased’: Israel’s Forced Displacement of Palestinians in the West Bank’ (“Han borrado todos mis sueños: el desplazamiento forzado de palestinos en Cisjordania por parte de Israel”), documenta la “Operación Muro de Hierro”, una ofensiva militar israelí en los campos de personas refugiadas de Yenín, Tulkarem y Nur Shams, iniciada el 21 de enero de 2025, pocos días después de anunciarse un alto el fuego temporal en Gaza.
Las fuerzas israelíes ordenaron a la población civil abandonar sus viviendas de forma repentina, incluso mediante altavoces montados en drones. Según testigos, los soldados avanzaron sistemáticamente por los campamentos, irrumpieron en los hogares, saquearon propiedades, interrogaron a residentes y, finalmente, obligaron a todas las familias a marcharse.
“Las autoridades israelíes expulsaron por la fuerza a 32.000 palestinos de sus hogares en campos de refugiados de Cisjordania a comienzos de 2025, sin respetar las protecciones establecidas por el derecho internacional, y no les han permitido regresar”, afirmó Nadia Hardman, investigadora sénior sobre los derechos de las personas refugiadas y migrantes en Human Rights Watch. “Mientras la atención mundial se centra en Gaza, las fuerzas israelíes han cometido crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y actos de limpieza étnica en Cisjordania que deben ser investigados y enjuiciados”.
Human Rights Watch entrevistó a 31 personas palestinas desplazadas de los tres campos y analizó imágenes satelitales, así como órdenes de demolición del ejército israelí, que confirman la magnitud de la destrucción. El equipo investigador también examinó y verificó videos y fotografías de las operaciones militares israelíes.
El 21 de enero, las fuerzas israelíes irrumpieron en el campo de refugiados de Yenín, desplegando helicópteros Apache, drones, bulldozers y vehículos blindados para apoyar a cientos de tropas terrestres que obligaron a la población a abandonar sus hogares. Residentes contaron a Human Rights Watch que vieron cómo los bulldozers demolían edificios mientras eran expulsados.























