Entre nubes y vientos de tormenta
Apesar de no disponer de una mayoría de diputados en el Parlamento peruano, el Gobierno de Pedro Pablo Kuczynski transcurría en una relativa calma, alterada a veces por turbulencias propias del ejercicio del poder. Sin embargo, en los últimos 15 días atraviesa por alteraciones más severas que conforman genuinas tormentas capaces de provocar hasta la terminación de su mandato.
La primera tormenta surgió cuando un grupo, relativamente numeroso, de diputados de los partidos de oposición resolvió poner en funcionamiento el procedimiento para que el Parlamento declare que el Presidente, debido a las relaciones negadas por él de sus empresas con la empresa Odebrecht, “está permanentemente incapacitado, desde el punto de vista moral, para ejercer su cargo”. Esta peculiar modalidad de juzgar la calidad del desempeño de un primer mandatario, reglada por el Art. 113 de la Constitución Política del Perú, es un tanto ambigua pues no define, con claridad, qué se entiende por “incapacidad moral permanente”. Tal vez por esta razón, ha sido aplicada únicamente en tres oportunidades. Fue declarada la “vacancia” del cargo de presidente sólo en los casos de los expresidentes José Mariano de la Riva Agüero, Guillermo E. Billinghurst y Alberto Fujimori.
El jueves de la semana pasada, al término de la sesión del Parlamento en la cual Kuczynski presentó, en persona, su defensa, casi todas las conjeturas apuntaban a que los proponentes del procedimiento lograrían los 87 votos necesarios para declarar vacante el cargo de presidente. Sin embargo, para sorpresa de muchos, no se llegó a este extremo. Ocurrió, más bien, que 10 diputados de Fuerza Popular –partido que lideriza Keiko Fujimori– y otros de otras fuerzas de oposición, optaron por la abstención. En la noche del jueves, circuló el rumor de que el resultado alcanzado tuvo un precio para el Presidente.
Este último domingo se supo que el precio fue la concesión del indulto presidencial para Alberto Fujimori. A pesar de insistir en que el mismo fue otorgado por razones humanitarias, pronto surgieron las quejas y los desacuerdos, inclusive entre allegados a Peruanos por el Cambio –el partido de Kuczynski– , amenazando con desatar una nueva tormenta. Primero fueron las nubes negras y los fuertes vientos desencadenados por Odebrecht y ahora las señales de tormenta provocadas por Fujimori. Es probable que los dos fantasmas persigan a Kuczynski por un algún tiempo más. Entre tanto, es seguro que los peruanos desean que se disipe el mal tiempo y retorne la quietud.
El autor es docente universitario.
Columnas de ALBERTO ZELADA CASTEDO















