Abril y la Revolución
La Revolución de 1952 pretendía la construcción de una Nación que pudiera unir y construir lazos entre bolivianos. Aquello que llamamos nación e implica que desde el norte hasta el sur, el último pandino y tarijeño se sintiesen parte de un mismo espacio geográfico, bolivianos; es decir, crear una identidad nacional.
La reforma agraria, el voto universal, la reforma educativa y la nacionalización de las minas se constituyeron en medidas intrépidas para su tiempo. Distribución de la tierra, bajo el eslogan de que “la tierra es para quien la trabaja”, implicó la eliminación del pongueaje y la posibilidad de tener derecho de propiedad sobre la tierra. El voto universal, que pretendía la ampliación de la ciudadanía con la posibilidad de que las mujeres, los analfabetos y campesinos indígenas eligieran por medio de su voto. La reforma educativa, el acceso a la educación. Y que las minas, especialmente las del estaño poseídas por los “barones del estaño”, pasaran a manos del Estado. Por tanto, la Revolución de 1952 fue la antesala para la democracia de la que gozaría el país décadas después. Y fue la etapa que precedió y preparó el camino para que la sociedad en su conjunto participara de la edificación del Estado Republicano y Plurinacional después.
Las cuatro reformas pretendían resolver el tema de la exclusión principalmente de la población mayoritariamente indígena. Y con todas las contradicciones que pudo haber tenido la Revolución del 52, especialmente en lo que concernía a las facciones autoritarias que existían al interior del MNR y la forma de concebir la democracia, no se puede negar que las transformaciones acaecidas fueron arando el surco del proceso que emergería décadas después.
A 66 años de esa épica revolución, si bien se puede hacer un balance de los aciertos y desaciertos, de la pretensión fallida del entendimiento de la cuestión indígena, lo innegable es que se trastocaron las relaciones de poder, antes concentrada en una elite económica y política de corte minero. Y se pudo entender de otra forma la inclusión de la sociedad. De esta manera, las reformas multiculturales de la década de los 90 responden, a su modo, a esa inquietud de participación de sectores excluidos y al debate de la cuestión indígena, que atraviesa de manera medular la lectura de nuestra realidad como país. Y el colofón lo tenemos con la construcción del Estado Plurinacional.
Toda revolución viene compleja y con contradicciones. Lo que es contundente es que las organizaciones desde abajo, son las que la hacen. En su momento fue ese bloque formado por campesinos y mineros en armas, que depusieron y desmantelaron a las fuerzas armadas y reemplazaron a las mismas.
La Revolución boliviana iniciada en abril de 1952 tuvo su inspiración en la mexicana e influyó en la cubana. Una época de efervescencia en el continente, que deja pendiente en el caso de Bolivia, seguir pensando la Nación.
La autora es socióloga y antropóloga.
Columnas de GABRIELA CANEDO VÁSQUEZ
















