Cambio climático aumenta la inseguridad alimentaria
El cambio climático, principalmente el calentamiento global de la Tierra, es provocado por la emisión de gases de efecto invernadero, producidos por la combustión de los carburantes fósiles: carbón, petróleo, en menor grado, gas natural y GLP. El aumento de temperatura, a su vez, causa el continuo retroceso de los glaciares, de permafrost y de la banquisa, la subida del nivel del mar, un cambio en los patrones de las precipitaciones y una expansión de los desiertos subtropicales. Otros efectos incluyen fenómenos meteorológicos extremos tales como olas de calor, sequías, lluvias torrenciales y fuertes nevadas; acidificación del océano y extinción de especies debido a regímenes de temperatura cambiantes. Durante el presente siglo la temperatura superficial global subirá probablemente de 0,3º a 4,8º C.
Este año, el verano particularmente caluroso en Europa, el invierno particularmente frío en el hemisferio sur, huracanes y otros fenómenos climáticos extremos alimentan la imaginación popular sobre la percepción del cambio climático. Pero la realidad pronto sobrepasará la imaginación. Las islas Kiribati en el medio del océano Pacífico están amenazadas de desaparición por la subida del nivel del mar (98 cm hasta 2100) por lo que se ha vuelto el símbolo del cambio climático nefasto.
Entre los impactos más significativos del cambio climático se incluye la amenaza a la seguridad alimentaria por la disminución del rendimiento de las cosechas y la pérdida de hábitat por inundaciones. Ese es el tema del informe anual 2018 de la FAO sobre el Estado Mundial de Seguridad Alimentaria y Nutrición. En sus conclusiones el informe asocia sin equívoco la variabilidad del clima, sus extremos más frecuentes e intensos con la erosión de la producción agrícola y fracasos en la lucha contra el hambre y la malnutrición. El informe muestra en gráficos la prevalencia de las sequías causadas por el fenómeno climático llamado el Nino en los años 2015-2017 que afectan la agricultura mundial. El altiplano boliviano, por ejemplo, incluyendo la ciudad de La Paz, fue una de las regiones más afectadas por la falta de agua.
La decreciente disponibilidad de alimentos afecta a su vez al estado nutricional de la población. Por tercer año consecutivo el número de personas malnutridas en el mundo ha subido de 804 millones en 2016 a 821 millones en 2017. “Estamos extremadamente preocupados –dijo un alto funcionario de la FAO– ya que nuestro temor del año pasado, que esta evolución se vuelva una tendencia, se ha confirmado”. Este mensaje llega en vísperas de la 73a sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que se abrirá en Nueva York hoy, 18 de septiembre, y que ojalá tome algunas previsiones al respecto.
Los gobiernos hacen poco. La acción política internacional orientada a mitigar el cambio climático es insuficiente, lenta, contradictoria e hipócrita. Los intereses estratégicos de los principales países contaminantes prevalecen sobre los acuerdos universales. El falso dilema de desarrollo económico vs. protección del medio ambiente, frecuente en los países en desarrollo, sigue vigente. Pero, a pesar de que el gobierno de Trump se retiró del acuerdo climático de París, la sociedad americana sigue activa en la lucha contra el calentamiento global. En San Francisco se está actualmente llevando a cabo la Cumbre de Acción Global para el Clima donde participan unos 4.500 activistas de nivel local de las ciudades, regiones, asociaciones de empresas, inversionistas y ONGs del mundo entero. Son voces influyentes que los gobiernos deberán tomar en cuenta.
El autor es comunicador social
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