Desolación
La misma naturaleza es la que comienza en ocasiones un incendio. Un rayo que cae en un árbol, temperaturas muy altas y tiempo de secano podrían dar lugar a un incendio forestal. Los expertos dicen que, en ocasiones, este fenómeno renueva la vida. Los bosques pueden haber sido dominados por árboles de gran altura que quitan totalmente la luz del sol, la hojarasca puede estar acumulada en tan gran cantidad que ya haga inviable nuevos brotes; ya no hay variedad de flora; de pronto, cae un rayo sobre un enorme árbol y el incendio se inicia y arrasa con todo alrededor. Los añosos arden, la hojarasca se chamusca y el bosque debe empezar una nueva vida. Es la oportunidad para nuevos brotes y otras especies de árboles.
En otros países, Estados Unidos y Canadá, por ejemplo, prevén que estos incendios forestales por causas naturales tengan lugar cada cierta periodicidad o de forma súbita. En esos casos, tienen organizado lo que tienen que hacer, desde el equipo humano muy bien entrenado, con el debido equipamiento, vehículos, logística, helicópteros, etc. Incluso así, el fuego se les va de las manos y las pérdidas son cuantiosas.
Lo dantesco es lo que está ocurriendo en el oriente boliviano y en territorio brasileño. Se señala que unas imágenes que circularon mostrando los cadáveres calcinados de animales silvestres no corresponden al incendio de Santa Cruz. Pero, eso no quita que realmente los animales estén siendo carbonizados. La sequía, los fuertes vientos y la costumbre de chaquear para arrebatarle terreno al bosque han provocado la pérdida de 500 mil hectáreas de bosques. Realmente, es de lamentar semejante pérdida. Desde lo alto de un peñón en Santiago de Chiquitos se puede (se podía) admirar un inmenso mar verde, sobrecogedor e imponente. Y, a lo lejos, se escuchaban los sonidos que emitían los animales, desde insectos hasta aves. Ya no se oían los gritos del mono aullador, que dicen que había en gran cantidad. Ahora, mucho menos.
De momento, no hay pérdida de vidas humanas, pero la muerte de nuestros animales silvestres será irreparable. Algunos, por los ciudadanos chinos depredadores, ya estaban en la categoría de casi extinción, como el jaguar. Con este desastre, hay que añadir a las mariposas, los loros, tucanes, tapires, etc., muertos de modo horrible, abrasados por las llamas. Lo peor es que estos siniestros nos pillan invariablemente desprevenidos. No hay equipo profesional de bomberos, no hay helicópteros. Si hay helicópteros, no hay pilotos. Si hay pilotos, estos son tan inútiles que en vez de solucionar el problema, lo agravan, como en Chuquisaca, donde las aspas de un helicóptero avivaron las llamas y mataron a una señora. ¡Ah!, recién han aceptado contratar un súper avión diseñado para estos casos, cuando cientos de miles de hectáreas de bosque ya habían sido pasto de las llamas. ¡Ah!, también recién se verá de hacer la compra de este tipo de aviones, cuando antes lo importante fueron pagos cuantiosos para el desastre de La Haya, museos auto erigidos, casas del pueblo, etc.
Las autoridades siguen en lo suyo, que es la sempiterna campaña electoral que vienen librando desde hace 13 años. Hay helicópteros para el desplazamiento del Mandatario, así sea a cortas distancias, hay dinero para el (suntuoso) mobiliario de sus aposentos, pero no hay para el debido equipamiento de bomberos forestales. Y, desde luego, habrá alguna gente frotándose las manos ante el escenario dantesco de los bosques en llamas, tierras nuevitas para su soya transgénica, para sus cocales, en fin, para los grandes privilegiados del régimen. Ante las protestas citadinas por el decreto 3973, que autorizaba quemas “controladas”, el presidente Evo Morales ha manifestado su hilaridad: “me hacen gracia las marchas por el medio ambiente”. Mientras se carcajean nuestro presidente y su régimen, hemos perdido invalorable diversidad. Ha muerto el tucán, ha muerto la mariposa, encerrados en círculos dantescos por mano humana.
La autora es comunicadora social
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