Indignante hallazgo en el Sedes
El hallazgo en almacenes de Servicio Departamental de Salud (Sedes) de material de bioseguridad, y la constatación de indicios de sobreprecio en su adquisición, indigna y entristece porque evidencia que la falta de escrúpulos en la administración pública es una constante, aunque las agrupaciones políticas que la manejan cambien.
Indigna, porque el personal de salud del sistema público reclama, precisamente, por la carencia de esos implementos que reducen el riesgo de contagio de Covid-19 al desempeñar sus labores y, en muchos casos, son los mismos médicos, enfermeras y otros funcionarios sanitarios los que deben comprar, con sus propios recursos, material de bioseguridad que debe ser suministrado por el Estado, de manera específica, por el Sedes.
“Con total sorpresa, los miembros de la comisión de la Asamblea Departamental hemos detectado indicios de corrupción, de sobreprecio en el material adquirido por la Gobernación”, explicaba ayer una asambleísta opositora al mayoritario MAS en el legislativo departamental. El posible sobreprecio denunciado bordearía los 300.000 bolivianos.
Pero, además, el hecho de que esos equipos estén almacenados en el Sedes, en lugar de estar a disposición de quienes los necesitan para trabajar con relativa seguridad, permite pensar que eso jamás iba a ocurrir, pues el destino final que se les tenía reservado era su venta, venta que engrosaría el botín del sobreprecio.
El hallazgo, que revela la actitud incalificable del personal involucrado en lo que a todas luces es un hecho delictivo, evoca el escandaloso desvío de la ayuda internacional que llegó a Cochabamba para ayudar a los afectados por el terremoto que sacudió Aiquile, Mizque y Totora el 22 de mayo de 1998.
Entonces, cerca de 10 millones de dólares de esa ayuda se esfumaron sin llegar a su destino. Y el proceso iniciado a los responsables de la Prefectura de Cochabamba, el Ministerio de Defensa y la Dirección de Defensa Civil jamás prosperó.
Ciertamente que las cifras de los dos casos no son comparables. Pero la actitud es idéntica: una voluntad de aprovecharse de la emergencia para satisfacer la codicia personal sin que importe el perjuicio colectivo.
El caso del material del material de bioseguridad almacenado en el Sedes y los indicios de corrupción constatados permiten también dudar de la buena fe y probidad de las autoridades de la gobernación de Cochabamba.
















