Las extravagancias del expresidente cocalero
No había sido cuestión de meterle nomás, peor si las víctimas son menores de edad. "Con el órgano que pecas, te delatas"; es el adagio que se me ocurre para referirme al misógino impresentable que hasta noviembre de 2019 y durante casi 14 años fue presidente de Bolivia.
No solo violó la Constitución como le vino en gana; ahora la olla nauseabunda se ha destapado para poner entre las cuerdas a ese que, engolosinado con el poder, se creía un sultán andino. Había tenido gustos extravagantes y debilidad por niñas menores para satisfacer sus deseos enfermizos y desenfrenados. Su actitud, confirma que no hablaba en broma, puesto que en varias oportunidades, manifestó su deseo de retirarse a su chaquito de coca, con su charango y su quinceañera.
El escándalo que estalló en días pasados empezó con una niña, pero la cosa no parece terminar ahí; habrían muchas más que fueron vejadas por el abusivo al extremo que un par de ellas serían madres. Ahora es solo cuestión de tiempo y el pueblo llegará a saber por cuántas niñas estaba conformado el harem de ese degenerado con complejos de jeque. Para colmo, el caudillo no actuaba solo, tenía sus alcahuetes que habrían convertido sus fechorías, en un verdadero secreto de Estado.
Quién lo diría, el soberano lo hizo presidente, porque decía representar a los débiles y desposeídos. Ese que se creía el paladín de la madre tierra; no había sido más que un ser despreciable, cargado de palabreria y de bajos instintos; un falsario abusivo que se aprovechó de su investidura para abusar de criaturas inocentes a las que pretendía defender.
La duda estaba latente desde el inicio y el pueblo entero sabía que era un irresponsable; tenía hijos desparramados en varios lados, y no cumplía con sus obligaciones de padre. Una vez en el poder, sus discursos sexistas cargados de machismo desenfrenado, eran motivo de regocijo y jolgorio para sus adláteres. Las mujeres eran vistas como objetos sexuales y como tales tenían que ser maltratadas, porque al parecer el fugitivo tenía el falo de violador autorizado.
Bolivia es un país donde la misoginia, el machismo, el caudillismo y el clientelismo político provocan vergüenza ajena. Un país donde el abuso y la falta de solidaridad para con las víctimas se sobreponen al trauma. Las consecuencias que causan las violaciones son relativizadas y en muchos casos ironizadas. Para muestra basta un botón: ahí tenemos al cocalero fugitivo, refugiado en una mansión en Buenos Aires y, para colmo, recibiendo protección del Gobierno argentino.
Ahora no es difícil entender por qué las violaciones, el feminicidio y el infanticidio se incrementaron exponencialmente en años pasados. Muchas de las que sobreviven a los vejámenes de sus verdugos quedan embarazadas y desprotegidas frente a un sistema que las rechaza y las humilla. Así viven esas niñas madres; abandonadas a su suerte y condenadas a rumiar su calvario.
El autor es instructor de adultos
Columnas de RUBÉN CAMACHO GUZMÁN















