El discurso presidencial
En su discurso por el Día del Estado Plurinacional de Bolivia, el presidente Luis Arce celebró que se haya recuperado la democracia, luego de –según él– el “golpe de Estado” y después de casi un año de un “Gobierno de facto”, que quiso prorrogarse en el poder a través de la fuerza con la excusa de la pandemia. Aseguró también que ya se comenzó a desmantelar el modelo neoliberal que impuso el anterior Gobierno, y que se restaura el modelo económico-social comunitario-productivo, para permitir reactivar la economía en beneficio de la población boliviana.
El Presidente confirmó que comenzó a reactivar la inversión pública en nuestro país, a intensificar la demanda interna, a fortalecer la política social de redistribución de los ingresos para volver a reducir la pobreza, así como las desigualdades, económicas y sociales. “Estamos volviendo a la senda de la estabilidad política, económica y social, de la diversificación productiva, de la industrialización de nuestros recursos naturales, de la sustitución de importaciones, del crecimiento con justicia social”, enfatizó, sin que hasta hoy el país conozca de donde provienen los ingresos para ello, cómo se está generando una política industrializadora y de qué manera se están sustituyendo las importaciones.
El mandatario recordó que, en octubre de 2019, hubo la promoción de un “supuesto” fraude electoral y, que, en complicidad con sectores insubordinados de la Policía y las Fuerzas Armadas, se forzó la renuncia de las autoridades democráticamente electas, para instaurar un régimen no constitucional sustentado en el temor del uso de la fuerza. Parece no recordar el descontento generalizado hacia a la mentira, opresión, al desconocimiento de la institucionalidad e independencia de poderes, así como a la instrumentalización de la justicia para beneficio del Gobierno del cual era parte y que se había agotado en la corrupción.
Dijo que el Gobierno “golpista” vivió una “larga noche” de persecución a dirigentes y líderes sociales, sindicales, políticos, un proceso de cancelación de los derechos y las garantías de miles de bolivianas y bolivianos. Seguro que no se habrá enterado de los incontables perseguidos y autoexiliados y de los injustamente apresados en 14 años del gobierno de Evo.
Mencionando la pandemia de Covid-19, acusó al Gobierno de Áñez de utilizar el poder “buscando modular la agenda política y electoral” para prorrogarse en el poder, en ese sentido, sobre su gestión dijo que, ante una acelerada expansión de contagios, se adoptaron medidas integrales para enfrentar la crisis sanitaria, explicó que el plan integral del gobierno encara la pandemia de forma responsable, a través de tres pilares, como el testeo masivo, el proceso de inmunización al 100% de la población con la provisión de más de 15 millones de vacunas, así como la coordinación con las gobernaciones y alcaldías. Mientras estas medidas realmente lleguen a la población, ya sabemos que el pueblo debe aguantar.
Asimismo, indicó que, busca la recuperación del aparato productivo, la generación de empleos y la reactivación del mercado interno con dos fideicomisos para reactivar la industria nacional, habló del período de gracia de seis meses para la reprogramación y/o refinanciamiento de créditos, también del Bono Contra el Hambre y se aprobó el Reintegro del Impuesto al Valor Agregado (IVA) para devolver a la población parte de sus compras facturadas, un discurso ampuloso que no parece ser lo que el pueblo esperaba.
Arce Catacora ignoró en su discurso al sector productivo nacional, especialmente del oriente boliviano, donde existe el mayor sector generador e impulsor de la economía, la única mención al sector empresarial fue para castigar y habló del Impuesto a las Grandes Fortunas, se pareció más un discurso de campaña a la militancia del MAS.
El mandatario dista mucho de ser un gobernante que muestre señales de ir en busca de la transformación del país, no existe innovación en salud, en educación, en economía, en la justicia, no hay señales de que se vayan a tomar decisiones importantes precisamente en un momento en el que más necesitamos, es lo más parecido a un simple administrador de la cosa pública, no había sido lo mismo ser ministro que presidente. Ojalá estemos equivocados.
El autor es politólogo


















