En torno al Defensor del Pueblo
Una referencia preliminar: se sabe que no se debe confundir al Estado con el gobierno, los gobiernos pasan, el Estado queda. El gobierno es el brazo operativo del Estado.
Ahora pongamos las cosas en su lugar. Si existe un “Defensor del Pueblo” quiere decir que alguien ataca a ese pueblo, pero ¿y quién es ese agresor? Es nada menos que el Estado, sea capitalista o socialista, es ese monstruo que roba, extorsiona, que encarcela, que mata, que engaña al pueblo y que nos espanta con las atrocidades que comete cada día.
El ciudadano está indefenso frente a la omnipotencia estatal, frente al Estado el hombre es tan pequeño que se siente hasta temeroso para reclamar sus derechos que en muchos casos sólo atina a llorar, jamás existe castigo para los crímenes del Estado.
En lejanas tierras se creó una institución llamada “Defensor del Pueblo”, cuya misión —retórica en Bolivia— era la de denunciar al Estado cuando agrede, atropella y abusa a la ciudadanía, pero resulta que en nuestro medio tal “defensor” simplemente es un ente con facultades morales, de queja, de denuncia, no tiene ninguna prerrogativa coercitiva legal, sólo tiene una espada de cartón.
Pero ¿quién designa a ese “denunciante” del Estado abusivo? ¡El mismísimo Estado! A través de uno de sus órganos, el Legislativo. ¿Quién destina fondos públicos para la existencia de ese defensor”? El Estado. Entonces, ¿el Defensor del Pueblo podrá volcarse contra quien lo ha designado y por cuya asignación de emolumentos públicos existe? Si el gobierno controla a todos los órganos del poder jamás actuará o si lo hace su voz será una palabra en el desierto.
Y si es así, ¿por qué se pelean los partidos políticos para su designación? Porque el gobierno totalitario no quiere dejar nada fuera de su control. Es más útil para este engendro tener un Defensor del Pueblo para aparentar ser democrático: entonces, el “defensor” estará silenciado, ocultará los abusos del poder y hasta los justificará.
Las personas que fungen de Defensores del Pueblo pueden tener dotes morales y de prestigio personal, como suele decirse que se dieron dos casos, se cita a la primera Defensora del Pueblo elegida por el Congreso (del Estado) en 1998, pero la sola notabilidad de una persona no cambia la esencia del todopoderoso Estado que ha nacido para empoderar a unos y sojuzgar a otros.
Se dice que el Defensor del Pueblo tuvo presencia en Suiza en 1660, pero que su origen se encuentra en Escandinavia habiendo sido consignado en la Constitución sueca en 1809 con el nombre de Ombudsman, palabra intraducible al idioma español, que querría decir “mandatario” o “Defensor del Pueblo”. En los países nórdicos existe tradición y cumple su función esta institución, pero entre estos países y Bolivia existen mil mares de distancia.
Resulta ridículo que un Estado despedazado, que está al filo de ser declarado inviable o fallido, pretenda hacer creer que se busca un tipo efectivo de Defensor del Pueblo como en los Países Bajos. Qué vergüenza y tristeza nos da.
Columnas de GONZALO PEÑARANDA TAIDA

















