La impostura normalizada
En la película de Ingmar Bergman, El huevo de la serpiente se muestra cómo se inocula en la sociedad dosis cada vez mayores de violencia, sometimiento e imposturas que se hacen costumbre y que, como la fina membrana del huevo, permiten percibir, a trasluz, el monstruo que se viene perfilando en la sociedad e imaginar lo que después vivieron como normal y justificado, todas las atrocidades que llegaron con el régimen nazi en Alemania o el fascismo en Italia.
Algo de esa conocida historia viene sucediendo en nuestro país en el cual los masistas, sin mucho esfuerzo, nos quieren mostrar la impostura como algo normal, como modelo de conducta a seguir para “triunfar” en estos tiempos de plurinacionalidad, y como estrategia preparatoria para que la gente se acostumbre a esas conductas propias de un proyecto autoritario o totalitario.
Algunas de ellas son:
- La impostura de la armonía que oculta la discriminación con que actúan.
- La impostura de la igualdad con que esconden su odio racial, creyendo que la paz social se logrará imponiendo la superioridad y dominación de la raza “ariaginaria” sobre las demás.
- La impostura de la coca sagrada que disfraza a la mafia del narcotráfico.
- La impostura pachamamista del “vivir bien” que cree que con ritos folklóricos va a ocultar o remediar el grave daño ambiental que se ocasiona envenenando los ríos con mercurio y depredando los bosques.
- La impostura de la fraternidad con que pretenden ocultar la intolerancia previa a su “guerra civil”.
- La impostura de la honestidad con que pretenden ocultar la corrupción impune, ahora disimulada como “adelanto” por pago de servicios.
- La impostura de la transparencia que niega información estatal o la tergiversa cuando no puede ser ocultada.
- La impostura de la verdad, cuando mienten cínicamente sobre un supuesto “golpe” a sabiendas que cometieron un descarado fraude.
- La impostura de la paz social que esconde la violencia, el avasallamiento y la represión.
Puede haber muchos más ejemplos de imposturas para hacernos creer que gobiernan correctamente, pero, hay dos que no se pueden dejar de señalar:
- La impostura ética y moral. Dan discursos de moralidad, cuando ya a nadie le sorprende que un corrupto siga de autoridad; que delincuentes con sentencia sean jueces; que la policía defienda a los avasalladores, etc. Los inmorales quieren dar normas de ética con decretos anticorrupción y mostrarse como modelos de “buena conducta”. Invito a escuchar la letra del tango Cambalache (“los inmorales nos han igualao”). Se pretende tergiversar y desmontar toda base moral, ética e institucional para imponer su propuesta de dominación para su exclusivo usufructo del poder.
- La impostura del éxito mediocre que, a título de superar la discriminación, propone dar cabida a todos, sin importar los antecedentes. Ya no hacen falta estudios, méritos y/o experiencias (“…da lo mismo un burro que un gran profesor…”) y se quiere imponer la igualdad hacia lo mediocre. Una mediocridad que proviene de nuestro triste sistema educativo que nos pone entre los países con un servicio educativo pésimo, lo que puede comprobarse escuchando las penosas entrevistas y declaraciones que realiza la señora frustrada en su intención de ser cónsul o las de una ministra incapaz de identificar dos escritores bolivianos. Esa es la patética imagen de la impostura que quieren hacernos ver como el “modelo” de una nueva conducta y perfil del boliviano.
Así, analizando esas diferentes imposturas convertidas en finas membranas que ocultan el monstruo que se está incubando en el huevo societal, percibimos la verdadera naturaleza del mal con que vienen inoculando a la sociedad para luego de adormecerla, reorganizarla por medio de la violencia y la mentira e imponer un régimen totalitario, intolerante, racista, discriminatorio, la ley del MAS fuerte, la doble moral, etc.; todas ellas antípodas de un proyecto democrático, justo, libre y equitativo.
Podrán seguir en esto, ocultando su debilidad con imposturas de fanfarrón, pero las imposturas son eso, poses con pies de barro que, poco a poco, irán cediendo a la acción (praxis) valiente y sostenida de una sociedad guiada por el patriotismo, el pensamiento crítico y la inmensa convicción de libertad que convoca a avanzar hacia mejores condiciones económicas y sociales de vida.
Los Tiempos y la plataforma Una Nueva Oportunidad fomentan el debate plural pero no comparte necesariamente los puntos de vista del autor.
Columnas de EDGAR CADIMA G.
















