Leyes ambientales, libreto que nadie sigue
Bolivia tiene leyes de vanguardia, y no podía ser diferente en temas ambientales. Desde el año 1992 existe la Ley del Medio Ambiente, incluido su reglamento, que en esencia es una verdadera revolución legislativa, cuyo propósito principal es la protección y conservación del medioambiente y los recursos naturales (art. 1 LM), al cual acompañan otras leyes que establecen incluso una calidad de derecho de la madre tierra; a lo que se suma la Constitución Política el Estado del año 2009, cuyo art. 33 eleva a un rango de Derecho Fundamental, el derecho a un medioambiente sano. Por si fuera poco, incluso esta CPE ha dado origen a una Jurisdicción Especializada, como la Agroambiental.
El propósito fundamental del marco normativo es la naturaleza, la salud y la vida, ya que para nadie es desconocido que la explotación desmedida de los recursos naturales, y la saturación del parque automotor, más la incorporación de área boscosa a la función urbana, hace que tengamos que experimentar el famoso cambio climático, donde se presente el efecto invernadero, y muy pronto la vaporización del agua por las elevadas temperaturas, como resultado de la deforestación. Prueba de ello son las ciudades del eje que ya no tienen la cobertura boscosa, y a eso se llama desarrollo.
Por lo tanto, este marco normativo está para identificar a los agentes que provocan desequilibrio ambiental, sea por deforestar, por contaminar al extremo de poner en riesgo la vida —caso del uso de mercurio—, pero, pese a la vigencia de la ley, no hay denunciados, procesados ni condenados por daño ambiental, lo que significa que los responsables de la degradación y contaminación siguen impunes. La ley está ahí, pero ni el Estado, ni los ciudadanos recurren a su aplicabilidad, por ello no se han resuelto ni impuesto sanciones a las infracciones y hasta delitos ambientales por daño ambiental, quedando no sólo en una total impunidad, sino dejando sin posibilidad de restaurar el daño ambiental, dando lugar a leyes buenas pero inservibles por su falta de aplicación.


















