Alimentos sí, pero no así
El título puede hacer pensar que se refiere a la cacería de hambrientos, inermes y desesperados gazatíes que son fusilados, cuando van a buscar alimentos o agua, por decisión y planificación de un consorcio israelo-estadounidense, civil-militar, financiero y de consultoría que maneja la distribución de comida y otras formas de “ayuda humanitaria” concebida como un negocio cualquiera para lucrar (https://goo.su/LuoU6 ) “Gaza SA”.
Me limito ahora a mencionarlo, pero me ocupo aquí del firme juramento, abierto o encubierto, de candidatos decididos a preservar el esquema del agronegocio, predominante en el país, como viga de sus planes para encarar el estrangulamiento económico que vivimos. El fervor de uno de los candidatos lo lleva a proclamar que “La expansión agrícola en el oriente de Bolivia debe realizarse con biotecnología que puede ser la solución a los campos que se queman” (https://goo.su/FMMY0).
Este enfoque parece fundado en lo expuesto por el presidente de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO) quien cree que el agronegocio puede llegar a exportar trece mil millones de dólares el año 2033 (https://goo.su/fv8MP6). El candidato citado complementa incluyendo algo no dicho por el ejecutivo empresarial, pero que es punto central de ese negocio en Bolivia: su insaciable avidez de continuar ampliando “la frontera agroganadera” y expandiendo el mercado de tierras.
El tráfico ilegal de tierras, la quema y desmonte crecientes componen el centro nervioso y motor de la producción industrial de oleaginosas exportables, rubro principal del agronegocio, impulsado por una alianza de grandes empresas transnacionales y una considerable mayoría de productores pequeños provenientes de la colonización de tierras bajas del este y el norte cruceños.
¿Cuánto habría que expandir el mercado de tierras? Ni el dirigente empresarial, ni el político profesional lo aclaran, pero el Movimiento al Socialismo, lo viene diciendo desde 2015 (https://goo.su/aIuBDP ), reafirmándolo en su programa electoral de 2019 y mediante voceros de todas sus fracciones: trece millones de hectáreas (has), es decir casi exactamente la misma superficie que se incendió el año pasado (12,6 millones de ha). La expansión continua del mercado y de la frontera agrícola no resuelven los problemas nodales del agronegocio que son la baja productividad, la ausencia de investigación y desarrollo propio, la dependencia de subsidios y el uso de tecnología cara e insustentable. Este esquema omite mencionar la verdadera fuente de sus ganancias que es el tráfico de tierras.
En 2021 alcanzamos el récord de 2193 millones de dólares de exportaciones agrícolas, un equivalente de 577 dólares por hectárea, con una superficie de 3,8 millones de hectáreas cultivadas.
Chile tiene cultivadas unas 602.000 has (un quinto de las de Bolivia), pero con menos de 47.000 has de fruta exportó por un valor 5.914 millones de dólares. Como ese hay muchos, muchos más ejemplos a nivel mundial.
Síntesis: no necesitamos expandir ni un metro más la superficie dedicada a agricultura y ganadería. Hacerlo no nos desarrolla, cercena nuestro presente y futuro.
La ampliación de la frontera agrícola y del mercado de tierras, destruyendo biodiversidad y recursos esenciales (agua, oxigenación, depuración de CO2) perjudica al país en todos los planos y estrecha otras fuentes de ingresos de más rápida maduración como la industria de viajeros visitantes (turismo) que buscan conocer la mezcla tan especial que tiene Bolivia de riqueza natural y culturas no destructoras del medioambiente.
La falta de productividad empezará a resolverse deteniendo la creciente violencia por disputa de tierras y territorios, parando en seco el aliento a los incendios y el desbosque. También dando alternativa de economías de retención de poblaciones, como el cultivo de la quinua en tierras desérticas (tecnología propia desarrollada por Cesín Curi, investigador del Centro de Promoción de Tecnologías Sostenibles (CPTS), en Bolivia, N. del E.), combinadas con granjas solares y eólicas en el altiplano. E investigación y apropiación de agricultura regenerativa, en la ruta desarrollada de Summant Kumar, que obtuvo, en la India, rendimientos de 22 toneladas de arroz/hectárea sin transgénicos, ni agrotóxicos, ni inundaciones (https://goo.su/ZLJak7 ) continuas de los campos.
Asimismo, es necesario el cambio de matriz energética, investigando áreas clave como transporte pesado. Con los combustibles caros que se vienen con el ajuste, la competitividad boliviana en producción de cultivos exportables terminará de aplastarse.
Los candidatos con mayor intención de voto, incluyendo al actual presidente del Senado, respaldan por unanimidad reforzar el agronegocio actual y sus derivaciones destructivas. Tienen la mente cerrada a la búsqueda de opciones.
A falta de organizaciones y representantes políticos, es tarea colectiva buscar y respaldar alternativas para que nuestro país produzca alimentos para nosotros y el mundo de manera creativa, armónica con la naturaleza y genuinamente beneficiosa para todos y no solo para grupos corporativistas egoístas y codiciosos.
El autor es director e investigador del Instituto Alternativo
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