Latín, política y necedad
“Infinito es el número de necios”, dice en el Eclesiastés (1, 15): Stultorum infinitum est numerus.
Cosas así se encuentran en la Aurea Dicta. ‘Dichos y proverbios del mundo clásico’. Introducción, selección y traducción de Enrique Tierno Galván, quien además fue alcalde de Madrid. Es un tesoro de más de 400 páginas y no hay tema que no toque, no hay nada humano que no haya sido ya registrado, notado y anotado, hace milenios. Ningún mejor libro que tener a mano, estos días de suspenso eleccionario en Bolivia.
Leerlo, hojearlo, otorga distancia, permite reconocer pasiones y caídas viejas, asombrarse de su eterna reincidencia o no dejar pasar, sin señalarla, a la necedad humana, cuando se desata y, quién lo dijera, así precisamente es como ata muy bien a otros.
Es un agrado suplementario en este libro, además, su carácter bilingüe. Aunque uno no sepa latín, es un gusto poder apelar a un latinajo y lanzarlo donde hace falta: Stultorum plena sunt Omnia. Lo dijo Cicerón: Los tontos están por doquier.
Precisamente, cuando estos pasan al ataque (afirma Edmand Lara, candidato a vicepresidente, que prefiere ignorantes, sin estudios), es cuando más debería ofrecerse una reparación pública al conocimiento y como tal se propone esta página.
So pena, claro, de alejarnos de lo ‘nacional-popular’, esa entidad conceptual acompañada de una suerte de obligatoriedad moral con se exige apoyarla.
No hay que olvidar, en estos contextos, casos como el de Pasos Kanki, nada menos, que tradujo un evangelio, el de San Lucas, de la vulgata latina al aimara, hacia 1829. Y ya que estamos en ello, también tengamos presente que don Mario Frías Infante tradujo la Odisea del griego, mientras Alberto Bailey nos ofreció una selección y traducción, en edición bilingüe, del poeta latino Horacio.
En todo caso, no hay que dar el caso por perdido del todo, ante los desplantes que sufre la inteligencia, y tampoco hay que caer completamente en lo que afirmaba San Jerónimo: Asino quippe Lyra supeflue canit. Es decir: Para el asno, la lira suena en vano.
En una conferencia de 1937 (Uber die Dummheit, traducida como Sobre la tontería) Robert Musil, dando vueltas alrededor de esa elusiva presa, ya remarcaba su carácter doble, por el que tanto puede presentarse llana y anodina, en calidad de “pobre de espíritu” como, ya también, ser una “tontería astuta”, letal y muy despierta, capaz incluso de “enfundarse todas las vestiduras de la verdad”, –la cual verdad, con un solo traje, siempre quedará en desventaja. Del segundo tipo de tontería, dice Musil que puede ser “mortalmente peligrosa”. (Ensayos y conferencias, Visor 1992)
El filósofo Clément Rosset, a su vez, cree que debe considerar a la estupidez (sotisse) como autónoma, no como un reflejo negativo y aletargado de la inteligencia.
A la inteligencia se opone la in-inteligencia (mantengamos así la palabra), dice, y no la estupidez. Entre ambas, incluso, se parecen muy poco: “La ininteligencia padece, la estupidez actúa: siempre tiene la iniciativa”
Hay que concederle a la necedad, otra vez, su estar alerta y agitada, ser incluso sobremanera efectiva. Nunca duerme, y emite o recibe mensajes ávida, constantemente. “La estupidez es una vocación, o mejor aún, un sacerdocio, con sus ídolos, sus creyentes, sus fieles.”
Es en la estupidez política, fatalmente, donde más puede medirse hasta qué punto una sociedad es tolerante con la misma estupidez, y puede observarse si le cierra el paso, o más bien la promueve. Por ejemplo, el Estados Unidos de Trump, ahora mismo, consiste en abrirle todas las puertas en grande y en atacar a las universidades.
Bolivia a su vez, hace mucho que se asemeja a un caldo de cultivo de la estupidez. Durante más 15 años, en efecto, vinimos escuchando a Evo Morales y sus cómplices en el micrófono. No hay peor simbiosis que esa: la de un populista con un micrófono.
Lo que inmediatamente debería alertar sobre la estupidez propia de Edmand Lara es que esta no haya sido reconocida como tal, en tanto que tal, sobre todo por parte de quienes tienen más preparación que mi casera, según la cual Lara “dice de frente las verdades”. Y de frente quiere, también, un teleférico a la Isla del Sol.
Lo fatal de la penosa condición de Lara, y de que no haya sido percibida como tal, decíamos, es que inunda, y siembra de dudas, entonces, a quienes lo eligieron como parte esencial de su equipo.
Reza el proverbio: dime con quién andas y te diré quién eres. O Virgilio, por su parte, lo puso así en la Eneida: Ab uno disce omnes. Por uno conócelos a todos.
El autor es escritor
Columnas de JUAN CRISTÓBAL MAC LEAN E.




















