La página más negra de la historia de la justicia
El fin de funciones de los “magistrados prorrogados” del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP), consumado con la posesión de la nueva presidenta, la Dra. Paola Prudencio, es sin duda un punto de inflexión. Parece que, se pone fin a décadas de una justicia sometida vilmente al poder político.
En el acto de posesión, la flamante presidenta del TCP afirmó que “la justicia ya no será un instrumento del poder”, cerrando así “una de las páginas más oscuras de la historia del Órgano Judicial”.
En esas frases, ella resume, con mucha precisión y contundencia, lo que afirmé, en varias columnas, hace muchos años: el Órgano Judicial había sido capturado para convertirse en la piedra angular de un proyecto de reproducción permanente del poder.
Evo Morales y el Movimiento al Socialismo (MAS) habían capturado la estructura completa del sistema judicial, desde la selección de magistrados hasta la orientación de fallos. El Órgano Judicial, y el TCP, se convirtieron en el brazo operativo del proyecto de hegemonía y poder eterno.
El TCP no solo fue utilizado para modificar al antojo la Constitución aprobada por los mismos masistas cambiando las reglas de juego para habilitar ilegalmente a Morales a una tercera repostulación. Esa instancia fue instrumentalizada también para perseguir opositores, proteger aliados, fabricar culpables y garantizar impunidad.
Más que un exceso circunstancial, fue una estrategia calculada de sometimiento institucional para convertirla en un mecanismo de control y reproducción del poder
La elección de magistrados a través del voto popular, terminó siendo el mecanismo más eficiente para colocar en los tribunales a autoridades que, de operadores de justicia, pasaron a ser operadores políticos. En las dos primeras elecciones judiciales, cuando el MAS contaba con dos tercios en la Asamblea Legislativa, la preselección parlamentaria fue un teatro: evaluaciones ficticias, cuoteo corporativo, favores políticos y candidatos sin méritos reales.
El resultado fue una justicia sin legitimidad alguna En promedio, en ambas elecciones, los votos nulos y blancos superaron el 60%. Por eso, precisamente, les cambiaron el nombre: de magistrados a “masistrados”.
El Tribunal Constitucional dejó de ser el guardián de la Constitución para convertirse en un aliado más del poder político. La instrumentalización fue brutal, desde el inconstitucional fallo que habilitó a Morales, vulnerando el 21F, –acto que, como escribimos entonces, “prostituyó” al TCP– hasta la judicialización permanente de la política.
Ahora bien, todos esos fallos “a la carta”, solicitados por el poder político, tenían que ser de alguno modo devueltos o retribuidos. En el modo y en la forma de retribuir esos favores, tiene origen la perversión de todo el sistema de la justica. Vean bien: con los favores políticos, los jueces y fiscales tuvieron “piedra libre”: podían fallar y actuar a discreción, el intercambio de favores estaba permitido.
Vean la cantidad de fallos y casos pendientes que tenían los “masistrados” prorrogados. Las noticias dan cuenta de cerca de 17.000 casos pendientes en los dos últimos años. Si tenían “piedra libre” para fallar, todo nos induce a pensar que obtenían beneficios por cada sentencia. Por ello, dicho sea de paso, la auditoria anunciada por la nueva presidenta del TCP es insoslayable.
La conversión de la justicia en un aparato de extorsión dio lugar a la conformación de consorcios de policías, abogados, fiscales y jueces para la obtención de sentencias dirigidas en función de intereses particulares. Para obtener esos fallos, no les importó meter a la cárcel a personas inocentes. Los ejemplos abundan.
En ese estado de cosas, en lugar de impartir justicia, los jueces impartieron el mal, con un nivel de perversidad casi naturalizado. El cuadro no solo es macabro, es espeluznante. Fiscales, jueces y abogados ejerciendo presiones e influencias para dirigir y determinar decisiones judiciales, sin la menor sensibilidad, afectando vidas, “linchando” judicialmente a personas y familias, sin importar el dolor que provocaron con esas monstruosas injusticias. Sin generalizar, por que hay abogados, fiscales y jueces probos, actuaron con una bestial perversidad, ejerciendo desde su espacio un poder sin limites al servicio de la maldad.
La justicia en el régimen masista engendró a verdaderos monstruos que actuaban en el Ministerio Público y el Órgano Judicial impartiendo maldad de la forma más natural y, lo que es peor, sin ningún remordimiento. La “banalidad del mal”, aquel concepto acuñado por Hannah Arendt, estuvo presente en el accionar de estos operadores.
Este es el momento más crítico de la justicia desde la fundación de la república. Esta crisis no tiene precedentes. Ni en los regímenes autoritarios la justicia fue tan vergonzosa. La fractura moral será difícil de reparar
Felizmente, con el fin de los “masistrados” y el régimen masista, vuelve la esperanza. Ojalá, las palabras de la nueva presidenta del TCP se cumplan y demos la vuelta a esta página, que es una de las más oscuras y terroríficas de la historia de nuestra justicia.
El autor es profesor de la carrera de Ciencia Política de la Universidad Mayor de San Simón
Columnas de ROLANDO TELLERÍA A.



















