Violencia intrafamiliar, un problema de todos
De las cifras que deja el año que terminó hace cuatro días, hay dos que denotan un relativo optimismo acerca de la sociedad boliviana, se trata del número de feminicidios e infanticidios.
Los casos de ambos tipos de crímenes fueron menos en 2025 que en 2024: 81 feminicidios, 3 menos que el año antepasado, y 29 infanticidios, 11 menos.
La reducción anual en esas tristes cifras es tanto más alentadora si consideramos que es casi constante en los seis años: en 2020 113 mujeres y 51 niños murieron asesinados en manos de allegados o como resultado de las agresiones que les infligieron personas de sus entornos.
Pero, desde que se implementó, en 2013, la Ley 348, Ley Integral para Garantizar a las Mujeres una Vida Libre de Violencia, los datos de mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas siguen siendo similares. Aproximadamente tres mujeres asesinadas cada dos semanas, una cada cuatro días y medio. La mayor parte de ellas en su hogar.
Desde entonces también se ha dado cientos, incluso miles, de charlas de sensibilización y de capacitaciones a funcionarios públicos, especialmente a policías, militares y bomberos, pero nada consigue detener la violencia que mata mujeres e infantes.
Peor aún, “tan solo el 40% de las mujeres busca algún tipo de ayuda después de experimentar violencia”, señala el artículo “Acabar con la violencia contra las mujeres” publicado por ONU Mujeres en su página web, en noviembre de 2024.
Esta realidad tiene que interpelarnos acerca de nuestra actitud, colectiva y personal, respecto de la violencia contra las mujeres y niños.
“Las niñas y niños de entre 4 a 10 años son los que mayormente sufren violencia física y psicológica; mientras los menores de edad de entre 11 a 16 años, son víctimas de violencia sexual, el 75 por ciento son mujeres y el 25 por ciento varones”, explicaba a fines de 2024 el jefe de la Defensoría de la Niñez y de la Adolescencia (DNA) de la Alcaldía de Cochabamba.
Son datos alarmantes los que proporciona ese funcionario municipal acerca de los que ocurre en Cochabamba. En el resto del país la realidad no es menos sombría.
Esos y otros hechos de violencia intradoméstica, con consecuencias fatales o no, son producto o parte de una serie de agresiones que no pudieron pasar desapercibidas para el entorno de las víctimas.
Existe sin duda una amplia, y peligrosa, permisividad a las agresiones intrafamiliares. Esa tolerancia que fácilmente deviene en indiferencia nos hace responsables de este tipo de sucesos.
Vecinos, familiares, amigos y compañeros de trabajo asumen el problema de la violencia doméstica como uno ajeno cuando no se da en su propio hogar.
No es así, lo que está ocurriendo en Bolivia en este aspecto es un problema de todos, porque la sociedad entera sufre sus consecuencias.

















