El cambio estructural está en marcha
Estamos teniendo dificultad para comprender el volumen del cambio que se está produciendo en la política y en la vida social boliviana. No se trata solamente de un cambio de signo político o de simples ajustes a la gestión administrativa del Estado.
La desinstitucionalización que hemos sufrido durante 20 años destruyó un sistema de administración del Estado con un proceso que, al pretender ser planteado como ideológico, no comprendió que era un modo burocrático presente en cualquier signo político del mundo para administrar sistemas complejos.
La transparencia de la gestión y la eficacia de las políticas públicas no depende de que el gobernante vista gorra, poncho, saco o guayabera.
En nuestro caso, con un legítimo triunfo electoral el MAS produjo sin embargo un experimento desastroso cuyo dato más complicado no será el volumen de la corrupción.
El programa “Evo cumple”, por ejemplo, significó la ruptura del sistema de gestión pública laboriosamente construido en torno a la ley Safco, y las normativas referentes a la participación popular, municipalidades y descentralización.
El ministerio de la Presidencia, convertido en alcaldía y gobernación, distribuía recursos para obras sin sustento técnico, carentes de planificación y utilizadas para lograr sometimiento político al poder; “con nuestros adversarios somos inflexibles”, se repetía.
Con el Fondo Indígena se corrompió a las organizaciones y liderazgos sociales. Con el sistema de cupos de exportación se sometió por el chantaje, a los sectores productivos que necesitan 24 horas al día de la gestión gubernamental.
El proceso de destrucción sistemático concluyó con la cuasi desaparición del sistema político de representación. Los líderes perseguidos o enjuiciados fueron limitados en su capacidad de acción, organización y movilización, paralogizados todos, ellos y nosotros, por un proceso de cambio que se vistió de racismo y anuló el debate.
Las situaciones se resolvían con la vista, “es o no de los nuestros”, pervirtiendo los instrumentos de cohesión social que los transformaron en confrontación. Desaparecieron los partidos políticos y las siglas, desprovistas de ciudadanía, quedaron en ridículo cuando un empresario exitoso y de buena voluntad, definió que sus encuestas designarían candidatos y en un cierre magistral, los llevó a una reunión en Harvard.
No me imagino que los presidentes Paz Estenssoro, Siles Zuazo, Paz Zamora, Banzer Suárez, Sánchez de Lozada Sánchez Bustamante, Mesa Gisbert o Rodríguez Veltzé, hubieran sido actores en esos intentos carentes, por los resultados, de compromisos democráticos reales.
Ese es el escenario donde debemos trabajar para la Bolivia que espera respuestas sencillas que le permitan vivir con dignidad. En la división social del trabajo, necesitamos reorganizar la casa para que cada uno vuelva a lo que sabe y necesita: los párrocos a organizar la procesión del Santo Sepulcro, las comparsas y fraternidades, el Carnaval, y los dirigentes deportivos a elevar nuestra calidad futbolística para llegar al mundial.
Estamos ingresando a una prueba magistral con la elección de autoridades políticas de entidades territoriales autónomas. Este es el momento para la irrupción de liderazgos que dejen de improvisar y resuelvan de manera práctica, la organización del tráfico vehicular, los mercados y la recuperación de nuestro futuro.
Digámoslo sin vergüenza, lo que no sirve para lograr ese resultado, no nos es útil.
El autor es director de Innovación de Cepad
Columnas de CARLOS HUGO MOLINA



















