La tragedia municipal
La tragedia municipal no es un accidente ni un error aislado. Es un patrón que se repite en todas las elecciones: candidaturas de ocasión, siglas prestadas, proyectos de ciudad que no terminan de nacer y gestión improvisada desde el primer día. Este fenómeno no es abstracto ni teórico, como veremos más adelante.
La primera señal de alerta es el “alquiler” de siglas; cuando un aspirante se presenta a última hora con un partido o alianza que no ha formado, tampoco financiado ni conducido; es decir, entra por la ventana, pero bajo condiciones oscuras que jamás llegaremos a conocer. No obstante, no hace falta imaginar conspiraciones, únicamente es suficiente entender la lógica política: Quien presta la sigla no lo hace por caridad y quien la toma, asume compromisos previos que da como resultado una gestión condicionada desde su inicio, porque nace amarrada de pies y manos.
La segunda es la trayectoria incoherente: existen aspirantes que van probando suerte para candidaturas de distintos cargos y niveles -hoy gobernador, mañana presidente, pasado alcalde- como si el municipio fuera un casillero más del tablero. Al respecto, señalar que la alcaldía no es ni debe ser un “plan B” de nadie: es el gobierno que más cerca debe estar de la gente, de su vida cotidiana, es el que debe ordenar el transporte, los mercados, la planificación territorial, la seguridad ciudadana, entre otros.
La tercera es la opacidad y la evasión. En tiempos de redes sociales, donde todo se graba y contrasta, existen postulantes que ni siquiera responden con claridad de donde vienen políticamente o a quién representan. Otros generan confusión y hasta burla con inscripciones y sustituciones que, aunque puedan ser legales, dejan una sensación de falta de seriedad política: el elector ve a una persona en campaña y termina encontrando a otra en la candidatura. Si ese candidato no puede decir quien es, ¿Cómo va decir que ciudad quiere?
Inclusive, donde existe partido propio y experiencia, la columna no puede esquivar una pregunta básica de ética pública: ¿La alcaldía es un mandato de cinco años o un trampolín para la próxima campaña nacional? Pedir licencia para postularse a otro cargo puede ser legal, pero erosiona la idea de compromiso y Cochabamba necesita gestión continua, no gestión intermitente.
El problema se encadena y agrava con los candidatos al Concejo Municipal, con falta de trayectoria y formación, pero ya hablaremos de ese tema en otro momento.
En el fondo, me parece que el problema no es que haya muchos candidatos, sino que en realidad, hay pocas candidaturas serias; razón por la cual, mientras sigamos tolerando franquicias partidarias, improvisaciones y ambiciones personales, seguiremos votando por nombres y no por proyectos de ciudad. Si queremos nuestra Cochabamba gobernable, debemos empezar por exigir lo mínimo y esto es: coherencia, transparencia y un plan verificable. Todo lo demás es ilusión política sin sustento.
El autor es abogado y docente
Columnas de RONALD ZENTENO YAVE

















