El voto oculto puede decidir las elecciones en Bolivia
El voto oculto y la gobernabilidad postelectoral se presentan como los principales desafíos para las organizaciones políticas que pugnan por la silla presidencial en las elecciones generales programadas para el 17 de agosto. La fragmentación política y la emergencia de nuevos liderazgos han configurado un escenario en el que, según expertos, será difícil lograr una mayoría absoluta.
La politóloga María Teresa Zegada advierte que, de acuerdo con las encuestas, la próxima Asamblea Legislativa Plurinacional será “muy plural” y requerirá pactos urgentes para responder a las demandas sociales más apremiantes. Mencionó al menos cuatro representaciones visibles en el tablero político: Tuto Quiroga, Samuel Doria Medina, Manfred Reyes Villa y Andrónico Rodríguez, o alguna otra fuerza emergente, que deberán buscar alianzas para garantizar gobernabilidad.
Un aspecto clave será el voto oculto, un fenómeno que ya tuvo un impacto determinante en las elecciones de 2020, cuando Luis Arce, entonces candidato del Movimiento Al Socialismo (MAS), pasó del 35% en encuestas al 55% en los resultados oficiales. Zegada sugirió que los actuales porcentajes de votos nulos, blancos e indecisos —calculados en un 27%— podrían esconder una decisión latente que sólo se hará visible el día de la votación.
“Preocupa la situación de quienes no se sienten representados. Cuando los sectores sociales quedan fuera del escenario político, recurren a mecanismos de presión como bloqueos o marchas, y eso tensiona la relación entre Estado y sociedad”, señaló Zegada.
Por su parte, el analista William Herrera identificó que buena parte del voto oculto corresponde al electorado que esperaba la habilitación de Evo Morales, finalmente descartada. Ese capital político podría trasladarse a otras figuras, como Jaime Dunn, que ha ganado notoriedad especialmente en redes sociales. “La gente está más preocupada por la economía, el combustible y la crisis diaria que por la ideología. El voto se inclinará por quien proyecte seriedad y capacidad de gestión”, apuntó.
Este sentimiento también es compartido por Luis Meneses, quien destaca que estas elecciones ocurren en medio de una “crisis profunda” y con una ciudadanía “atenta al proceso”. Reconoce una reconfiguración de las fuerzas políticas, con cambios notables en la tradicional división ideológica: “Ya hay un electorado que dice ‘no quiero ni derecha ni izquierda’”, explicó.
Meneses observa también que el ala izquierda mantiene bolsón de votos importantes, especialmente en zonas periurbanas y bastiones históricos del MAS como Cochabamba. No obstante, advierte que los porcentajes cambiarán en los próximos días conforme se definan las candidaturas y los ejes de campaña.
A pesar de los desafíos, los expertos coinciden en que el proceso electoral cuenta con condiciones para desarrollarse. Zegada señala que el camino está allanado, con excepción del sector afín a Morales, que ha manifestado su rechazo a las elecciones. El Tribunal Supremo Electoral (TSE), pese a sus limitaciones y tensiones internas, trabaja para garantizar la realización del proceso.
En un entorno de desconfianza institucional, cobra fuerza la iniciativa ciudadana de “cuidar el voto”, una forma de participación activa para asegurar la transparencia. “La garantía más firme hoy es la propia población, que mantiene una actitud vigilante y de expectativa”, enfatizó Zegada.
Aunque las amenazas a la estabilidad han disminuido, el verdadero reto comenzará tras la elección, cuando se deba asegurar la gobernabilidad tanto en el periodo de transición como en la próxima gestión gubernamental. Bolivia enfrenta no solo una contienda electoral, sino una transición crítica hacia un nuevo ciclo político que podría redefinir su rumbo democrático.




















