Los estudios, de una colaboración internacional con participación del español Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), suponen un paso importante para comprender la formación y evolución del planeta.
La búsqueda se centró en el metano, un gas que en la Tierra es originado por los seres vivos o la actividad geológica, además de el etileno y la fosfina, que también podrían indicar la presencia de vida.
Marte reunió hace 3.500 millones de años las condiciones imprescindibles para albergar vida, según una investigación internacional liderada por la investigadora española de la Universidad de Vigo Elisabeth Losa-Adams y que ha publicado Nature Astronomy.
La investigación, en la que participa Jorge Pla-García, del español Centro de Astrobiología (CAB CSIC-INTA), se centra en las mediciones de metano en el cráter Gale, donde opera el rover Curiosity de la agencia espacial estadounidense NASA.
La investigación arroja luz acerca de uno de los grandes enigmas de Marte: cómo es posible que el planeta rojo, que recibía menos de un tercio de la luz solar que disfrutamos hoy en la tierra, tuviese ríos.
El pequeño helicóptero Ingenuity de la NASA realizó su segundo vuelo sobre Marte, en esta ocasión de mayor duración y altitud, y hasta realizó una ligera inclinación en el aire, informó la agencia aeroespacial.
Los enormes cañones de hielo en forma de espiral del planeta Marte son jóvenes y se formaron por erosión, según determinó una investigación liderada por el Planetary Science Institute (PSI) de EEUU y en la que han participado investigadores españoles de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).
Desde hace ya unos años, las agencias espaciales de Estados Unidos y Europa, la NASA y la ESA, respectivamente, tienen puestos los ojos en dos ambiciosos objetivos: volver a la Luna y establecer una lanzadera o estación orbital, y viajar a Marte, dos retos que obligarán a los humanos (astronautas o turistas) a pasar largas temporadas en el espacio.
Entre el 30 y el 99 por ciento del agua desaparecida de Marte está encerrada en la corteza del planeta, según una investigación realizada por el Instituto Tecnológico de California (Caltech) y el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la Nasa.