Escenas de bailes típicos, campesinos en movimiento, rostros expresivos y vestimentas coloridas, bordados a mano con un nivel de detalle tan preciso que cuesta creer que no hayan sido pintados, conforman la obra viva de Emilia Céspedes Argote, una mujer que a sus 75 años lleva medio siglo bordando la identidad boliviana, puntada a puntada.