
NOTAS DE CAMPO
Se llamaba Alan y tenía tres años. En 2015 se transformó en un icono del conflicto sirio cuando fue encontrado muerto, en una playa turca, junto a su hermano y su madre, con quienes escapaba. Alan era parte de un grupo de casi 30 sirios que intentaba llegar a Grecia. Solo en 2015 la Guardia costera de Turquía rescató a más de 42 mil migrantes en el mar Egeo. Ese mismo año se ahogaron otros 2.600 que intentaban cruzar el Mediterráneo, que se ha convertido en cementerio.
Subir gradas, contar dinero, vestir ropa interior de determinado color, comer uvas, son algunos de los rituales personales que se practican la noche de Año Nuevo y son expresiones de los deseos de que el año que se avecina sea venturoso y mejor que el que se deja.
La tinta perdida, es un viejo chiste que Slavoj Žižek cuenta en la introducción de su libro Bienvenidos al desierto de lo real y narra que en la extinguida República Democrática Alemana, un trabajador alemán consigue un empleo en Siberia; consciente de que su correo será leído por los censores, les dice a sus amigos: “Establezcamos un código: si la carta que les envíe está escrita con tinta azul, lo que en ella les diga será verdad; si está escrita con tinta roja, será falso”.
“Entendí porqué la tutuma y el amarillo y ancestral licor (la chicha) me llamaban con fuerza, como un imán, para que narre su historia”, señala Gustavo Rodríguez Ostria en una entrevista. Aludiendo a que su abuela paterna, una mujer de pollera y gruesas trenzas, había tenido una chichería en la plazuela Barba de Padilla, por tanto, llevaba en los genes estudiar la importancia de la chicha.
“Era un día como otro cualquiera… ni negro, ni blanco, no sé si era largo o corto, pues como todos, empezó acabando. Una jornada de un siglo remoto perdí ya la cuenta, han pasado tantos hasta que llegué poco a poco a la víspera de Todos los Santos” Se escuchaban las coplas de esa celebración. Acabamos de recibir y despedir a nuestras almitas queridas, aquellas que viven ahora de otra manera entre nosotros.
Generalmente, los conflictos, cual vendaval, mueven las cosas y éstas no vuelven a ser lo que eran antes. Es así que en menos de un año se nos vino un tsunami que por fin pasó, al menos la ola mayor el domingo en las urnas. El actor más aplaudido y honrado debe ser la ciudadanía que pese a la pandemia, acudió con la mayor disciplina a votar. De acuerdo a porcentajes, rebasamos la asistencia de ciudadanos a anteriores elecciones. Admirable la apuesta de la gente por resolver y decidir en las urnas el destino del país.

