
NOTAS DE CAMPO
“Los vamos a reventar”. Era la amenaza del Secretario General de la Confederación de Colonizadores Interculturales de Bolivia contra los indígenas de tierras bajas que protagonizaban la Octava Marcha en defensa de su territorio y en contra de la carretera que atravesaría el Tipnis. Los “interculturales” se habían apostado en el puente San Lorenzo, para impedir el paso de la marcha que se dirigía hacia La Paz.
“Les pido que se vayan a sus casas con la alegría sana de la limpia victoria alcanzada. Esta noche, cuando acaricien a sus hijos, cuando busquen el descanso, piensen en el mañana duro que tendremos por delante, cuando tengamos que poner más pasión, más cariño, para hacer cada vez más grande a Chile, y cada vez más justa la vida en nuestra patria” fueron las palabras de Salvador Allende el 5 de septiembre de 1970, tras haber obtenido la victoria en las urnas.
Tristes trópicos es una de las obras magníficas de Claude Levi Strauss, escrita en 1955, producto del trabajo de campo que el etnógrafo hizo en la Amazonía brasilera. Un elemento central del libro se resalta en el prefacio, el breve verso que retoma del poema De rerum natura del filósofo y poeta romano Lucrecio, que según la traducción señala: “Todas las cosas que te precedieron están muertas, de la misma manera que las que vendrán después de ti sucumbirán”.
Llevamos casi 150 días de confinamiento y cuarentena, palabras que se han convertido cotidianas en nuestro lenguaje. Por las referencias de anteriores pestes, ninguna pandemia fue tan fulminante y de tal magnitud como ésta, que ha recorrido todo el planeta, y continúa empecinada y con el mismo ahínco, extendiéndose hasta llegar a sus últimos rincones.
Don Ignacio, indígena mojeño de la comunidad de Monte Grande, me contaba la forma de relación que tienen con la naturaleza: “uno estando en el monte ya conoce, por decir, yo voy de noche, escucho ruido, el mismo tigre tiene su ruido, escucho un tropel ya se más o menos qué bicho es el que se está acercando. El tigre (cuando) anda, a pesar de ser sutil, tiene ruidito, como quebrando palitos parece y dicen que son las orejas. Del tatú el ruido es fuertecito y como que va arrastrando algo, si hay víbora brava, que está enojada, suena la cola”.
Al amanecer de aquel 13 de junio, Juan Carlos se sentía ya muy mal, acompañado de su esposa recorrió las calles de la ciudad acudiendo a varios hospitales, pero todos estaban llenos. Le remitían de un lado a otro, no aguantó y en plena calle, en el centro de la ciudad, Juan Carlos se desmoronó y murió.
“Cuando los grandes árboles caen, las rocas en distantes colinas tiemblan, los leones se agachan detrás de los altos pastos e incluso los elefantes buscan con torpeza estar a resguardo. Cuando los grandes árboles caen, en los bosques, las pequeñas cosas se tapan de silencio, sus sentidos quedan desgastados más allá del miedo”. Esta estrofa de la poeta Maya Angelou, llegó a la familia el 6 de junio de 2017, el día que nuestro querido Filipo murió.

