
BUSCANDO LA VERDAD
El 7 de noviembre de 2025, en Santa Cruz de la Sierra se dio algo más que una cumbre, se vivió un reencuentro.
Un nuevo ciclo político se avecina en Bolivia a partir del 8 de noviembre de 2025, cuando Rodrigo Paz Pereira asuma como presidente, para, Dios mediante, gobernar por cinco años gracias al 54,5% de apoyo que logró en el balotaje.
Enorme responsabilidad la del primer mandatario electo y sus colaboradores, la de no defraudar a los millones de ciudadanos que ansían vientos de cambio, de ahí que lo que anuncie en su mensaje a la nación será vital para dar esperanza. Como estoy pendiente de ello, entre sueños le oí discursear algo así:
A propósito del momento altamente político que vive el país, decidí escribir una columna diferente que espero sea de utilidad tanto para la sociedad, como para aquellos que –no creyendo que descienden del mono– de un tiempo a esta parte han levantado el nombre de Dios, una y otra vez, buscando ganar apoyo para llegar a lugares de privilegio.
La madrugada del 3 de octubre de 2025, Montero se tiñó de miedo. Más de cien encapuchados armados irrumpieron violentamente en la propiedad “Patujú”, como una turba de hienas, sembrando pánico y destrucción.
No fue un mero avasallamiento, fue un acto de terrorismo: trabajadores golpeados, ganado sacrificado, cultivos devastados y el productor, Pablo Vaca Díez, secuestrado como botín humano. Su esposa lloró ante las cámaras pidiendo auxilio, clamando por la vida de su marido.
El departamento de Santa Cruz pasó a ser, desde los años 50, un destino de esperanza para quienes, dejando sus lugares de origen, llegaron a la tierra oriental buscando cumplir sus sueños y dignificarse con su trabajo. Esta mirada al pasado lleva a Santa Cruz a ver su futuro sin miedo, sabiendo que lo que se hizo bien se puede repetir y mejorar, y para que no se diga que esto es un cuento, aquí va la evidencia.
A la hora de hablar de economía los números cuentan, ciertamente, pero las palabras también, y mucho. Por tanto, cuando se emite un criterio público sobre un tema en este ámbito, siempre es recomendable tener cuidado, por el efecto que podría acarrear para la gente un duro pronóstico, así sea verdadero.
Recuerdo que el 6 de enero de 2021 -con la fe que algunos ven en mí, y la ingenuidad que otros dicen que adolezco- publiqué una columna de opinión titulada “El tiempo de los economistas”. La escribí, no solo como profesional, sino, como alguien que, siendo creyente, esperaba que Dios tocara las mentes y corazones de los nuevos gobernantes, y, de paso, a mis colegas economistas. Vale la pena leer lo escrito, a fin de entender el porqué de este estado de cosas y sacar conclusiones a cinco años del suceso. Este es el artículo en cuestión:

