
BUSCANDO LA VERDAD
¿Que el PIB de Bolivia crezca al 4,7% solo para pagar un segundo aguinaldo el 2017? No, no quiero eso para mi país. ¿Que nuestra economía se expanda al 4,7% para ser los campeones en Sudamérica, cuando en otros lados lo hacen más? Tampoco quiero eso para Bolivia. ¿Crecer al 4,7%y seguir siendo pobres, con mala salud y educación? De ninguna forma quiero eso para nuestros padres, nuestros hijos o para nosotros mismos.
¿Es Ud. todo lo que quisiera ser? ¿Tiene Ud. todo lo que deseara tener? ¿Hace todo lo que añoraría hacer? Puede que no tenga la mejor apariencia externa que le haga feliz; que no posea dinero para vivir mejor; que la enfermedad o una deficiencia congénita le impidan hacer algo. Le pregunto si por tales insatisfacciones alguien debería decidir si Ud. debería seguir viviendo o morir…
Día y noche se ven niños y adolescentes en puntos estratégicos de las avenidas en Santa Cruz de la Sierra pidiendo limosna, limpiando parabrisas o haciendo piruetas por una moneda, aunque también hay quienes agresivamente exigen dinero a quien esté parado en un semáforo en rojo, dándose casos de agresión por la negativa del conductor a colaborar o la insuficiencia de lo entregado. Le pasó a mi esposa Jannet. ¿También a usted?
La Policía Boliviana informó de 67 muertes en el país durante el Carnaval 2017, un 29 por ciento más que lo reportado en el Carnaval 2016. Fueron siete homicidios, tres feminicidios, dos suicidios, un asesinato, 41 muertos en accidentes de tránsito y 13 muertes por otros motivos, dio cuenta la Agencia de Noticias Fides ANF (1.3.17).
Un día antes del Carnaval, queriendo advertir del peligro, divulgué este reporte oficial: “El Carnaval 2016 dejó un saldo de 52 muertos. Santa Cruz, La Paz y Tarija fueron los Departamentos donde más se consumió bebidas alcohólicas”.
Cuando muchos pensaban que Bolivia era el ombligo del mundo y que la quinua real orgánica no tendría parangón, la biotecnología se encargó de romper tal sueño y amenaza en convertirlo en una pesadilla poniendo en jaque al grano de oro del occidente del país por el serio riesgo de tener que lidiar en breve con una mayor oferta mundial de este superalimento --a un menor precio y con mejor calidad-- frente a lo cual no queda otra opción que pensar con cabeza fría, poner los pies sobre la tierra, mejorar la productividad y bajar costos de producción, en suma, ser competitivos.
Con la mejor intención, seguro de que ayudaría a promover el consumo de la ancestral quinua boliviana en el mundo, un gran esfuerzo respaldado por el propio presidente del Estado, Evo Morales, logró que la ONU --a través de su secretario General, Ban Ki-moon- declarara al 2013 como el “Año Internacional de la Quinua”, desde su sede en New York.
“De pronto nos cubrió una nube negra de ocho, 10 kilómetros de ancho. No se podía ver de lo negra que era. Pensamos que era la plaga de Moisés”, dijo un campesino sobre la invasión de millones de langostas en Santa Cruz, la principal región productora de alimentos de Bolivia (BBC Mundo, 9.2.17). El problema se inició en febrero en el municipio de Cabezas, pasando a La Guardia y El Torno, afectando cultivos de maíz, sorgo, soya, cítricos y pastos.
Cuando las exportaciones del país subían y subían sin parar, haciendo que los dólares llegaran a raudales --como nunca en la historia-- provocando altísimos e inimaginables superávits haciendo que las Reservas Internacionales Netas (RIN) del Banco Central de Bolivia (BCB) treparan y treparan, era para festejar.
La decisión del Gobierno de crear un Fondo de Inversión Cerrado (FIC) para financiar la expansión de la producción agropecuaria en Bolivia ha sido objeto de apoyos y críticas, pese a que el MEFP así como prestigiosas entidades empresariales -CEPB, Cainco CAO- salieron al paso para explicar su alcance y tranquilizar a la población sobre la seguridad del uso y retorno de los recursos, al amparo de lo previsto por la Ley 065, que autoriza tal posibilidad.
Triste historia ésta, la de pasar de tener hace 20 años un mercado cautivo —Brasil— a ser Bolivia ahora rehén de un mercado sin más posibilidades de vender gas a otro país que no sea Argentina —con sus propios intríngulis—
Un verdadero balde de agua fría resultó el anuncio del Brasil, de bajar en 50 por ciento el volumen de compra del gas boliviano en enero del 2017. “Sobre mojado, llovido”, diría alguien.

