Talento: El valioso recurso que pierde Bolivia

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Publicado el 25/11/2019 a las 0h00

Pasaron el nacionalismo, las dictaduras militares y la UDP. Pasaron el neoliberalismo y el proceso de cambio masista. Nuestra historia suma décadas y décadas y, pese a los cambios frecuentemente calificados de “revolucionarios”, Bolivia continúa exportando, casi gratis, un recurso extremadamente valioso: seres humanos, talento puro, que no es acogido y hasta suele ser rechazado en su propia tierra.

En tiempos de la hiperglobalización de las telecomunicaciones se conocen casos con mayor frecuencia. El paceño Eduardo Medinaceli ha cursado dos posdoctorados en física y ha trabajado para proyectos de renombre mundial como el programa Opera y el proyecto Gerda. Ahora programa la computadora del satélite de la Agencia Espacial Europea (ESA) que orbitará la Tierra a 1,5 millones de kilómetros. Se trata del vehículo que tendrá el mayor alcance de captura de imágenes del universo construido por el ser humano.

También paceño, el doctor en química Diego Cordero Cervantes dejó los laboratorios de la universidad de Harvard tras aceptar una invitación del instituto Louis Pasteur de Francia. Como sus pares citados en esta breve lista, es conferencista en diversas universidades de fama mundial, pues se ha abocado a estudiar el fenómeno del rejuvenecimiento celular. Harvard también ha consagrado al beniano y  doctor en biotecnología y bioinformática Mohamed Mostajo. Es catedrático en la rankeada primera universidad del planeta y forma parte de equipos de investigación de la elite científica de EEUU.

El médico cochabambino Dunstan Espinoza es uno de los destacados investigadores del Instituto Oncológico de Chile, uno de los más prestigiosos del continente. El cochabambino Huascar Espinoza es doctor en física nuclear graduado en Francia y ahora trabaja en institutos de tecnología de España. Doctorado en Robótica, el paceño Pedro Miranda es catedrático en la universidad sueca de Umea. Posdoctora en bioquímica, la paceña Tania Pozo estudió y trabajó como investigadora en la universidad sueca de Lund. El año pasado pasó a realizar investigaciones de posdoctorado en la Universidad Davis de California.

 

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Físicos El físico Oscar Saavedra San Martín (derecha) junto a su homólogo alemán Herbert Gutbrod.
CORTESÍA

INCLUSO PREMIOS MUNDIALES

La lista bien podría incluir, si no miles, cientos de casos de bolivianos en todo el planeta. Buena parte de ellos suma no sólo altos grados académicos, sino además prestigiosos premios científicos. Baste citar entre los más destacados el premio Sajarov por sus estudios de astrofísica que alcanzó el paceño Oscar Saavedra San Martín el año 1976. Aquel premio era considerado como el Nobel soviético. Saavedra hizo su carrera científica en Italia, pero recordaba como uno de sus formadores a otro boliviano de renombre mundial: al profesor Jaime Escalante.

Como es sabido, Escalante, docente de física y matemática, primero en Bolivia y luego en EEUU, se consagró como formador de talentos. Pero, al margen de casos como el de Saavedra, sus más conocidos frutos resultaron ser jovenzuelos de algunas barriadas de Los Ángeles, California. Al enseñarles en la Escuela Preparatoria de Garfield, logró que aquellos estudiantes considerados de muy bajo nivel accedieran  exitosamente a universidades. Algunos de sus alumnos llegaron a trabajar en la agencia espacial estadounidense NASA y prestigiosas clínicas de la medicina estadounidense.

Escalante chocó con el que es considerado uno de los factores que inducen a la fuga de cerebros bolivianos al exterior: una arraigada idiosincrasia de camarillas. “¿Qué va a poder enseñarnos a los bolivianos un profesor con mentalidad de gringo?”, cuestionó en 2007 un dirigente del magisterio. Jaime Escalante volvió al país y se puso a disposición de las autoridades para colaborar en una anunciada reforma educativa. Tras los primeros rechazos el célebre docente declaró: “La reforma tiene que mejorar, no retroceder 500 años”.

 

LOS QUE VOLVIERON

Científicos que por diversas razones retornaron a Bolivia consideran ese tipo de cierres y otros factores estructurales como las directas invitaciones para rehacer maletas. “Volví porque tengo un espíritu nacionalista y además porque investigo a los bufeos, un mamífero que sólo existe en Bolivia -explica el doctor en biología Enzo Aliaga Rossel-. Y en el fondo también volví porque creía que iba a ser recibido, digamos, bien. Es decir, pensaba contar con fuentes laborales y oportunidades en la universidad porque mi formación es bastante académica. Pero llegas, te encuentras con un sistema muy cerrado donde no se da nada de prioridad a la investigación. Hay muy pocos centros de investigación”.   

Aliaga ha realizado cerca de 12 años de estudios de posgrado en diversas universidades de EEUU, incluido un posdoctorado en ecología, evolución y biología de la conservación en la universidad de Hawái. Es presidente de la Sociedad Latinoamericana de Mastozoología y asiduo investigador de especies como el mencionado bufeo y el jaguar. Sin embargo, sólo participa del Instituto de Ecología de la Universidad Mayor de San Andrés en condición de investigador asociado y, por lo tanto, no recibe salario. Los fondos para sus investigaciones debe gestionarlos en el extranjero. “Mi trabajo no queda ni a nivel de free lance -lamenta-, sino de hobby”.

Su destino coincide con el de la mayoría de los retornados: deben compartir su vocación moldeada en institutos internacionales de avanzada, con trabajos de consultoría, clases o trabajos de oficina. Es más, cada uno de los consultados conoce varios casos de colegas y excompañeros de estudios de posgrado que tras su intentona de regreso optaron por volver al exterior. “Conozco directamente el caso de dos colegas ecólogos, él cochabambino, ella paceña, brillantes, muy buenos, que se fueron a Chile -cita Aliaga-. Pero hay muchos, pero muchos casos porque no se halla oportunidades, no se financia ni se promueve la investigación científica”.

 

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En Tiquipaya Encuentro de científicos bolivianos que radican en el exterior, que se realizó en Tiquipaya en 2016.
CORTESÍA

FALLA HASTA LA AYUDA EXTERNA

El problema incluso raya en el incumplimiento a convenios con gobiernos extranjeros que, al advertir las limitantes bolivianas, decidieron colaborar. Es el caso de la cooperación sueca que hace 19 años realizó una investigación y propuso a las universidades estatales bolivianas un programa de doctorados. El acuerdo implicaba que los investigadores formados en aquel país con grados doctorales, a su retorno, tuviesen espacio en las universidades bolivianas y se les facilite las áreas de investigación científica.  

“En 2013 volvimos seis, las seis mujeres, pero no cumplieron lo prometido -dice la doctora en química, graduada en la universidad de Lund, Leslie Tejeda Pérez-. Cada año debíamos dar exámenes y postular a cátedras semestral o anualmente con cargas de 32 o 64 horas. Dos de las colegas optaron por dejar la universidad, la academia y se fueron a trabajar a la industria privada, incluso a colegios. Otras dos se fueron al exterior. Lo curioso es que los doctorados varones recibieron un mejor trato de parte de la UMSA, y es algo que también indigna”.                                

Un caso similar al programa de ayuda sueco ha sucedido con las célebres becas de la fundación Patiño. Los graduados especialmente en Suiza, pero también en otros países europeos, tienen la premisa de retornar a Bolivia para ayudar al desarrollo nacional. Pero, según diversos testimonios, suman decenas de casos en los que tras un par de años retornan a Europa. En suma, los científicos preparados para la investigación, salvo excepciones, deben resignarse a dar clases en la universidad. Quienes han decidido quedarse en el exterior suelen venir de visita al país, donde eventualmente organizan o son invitados a participar en talleres y conferencias.

 

 LEJOS DE LOS AFRICANOS

“Sólo 6 por ciento del personal docente de la UMSA tiene experiencia en investigación -dice el doctor en química Justo Zapata Quiroz-. Y ahora uno de los aspectos más fuertes de la actividad universitaria es la investigación y la innovación, es decir, la aplicación de los resultados de la investigación en políticas de Estado, municipales, etc. Pero, en Bolivia, hasta programas orientados a ese fin, como el sueco, no han funcionado, de principio por las cuerdas que hay en cada carrera. Buscan que uno del grupito dé cátedra y cierran el paso a muchos muy bien preparados”.

Zapata también indica que los reglamentos universitarios bolivianos sólo ponen como requisito para optar a las cátedras la condición de la licenciatura. Mientras tanto, de manera generalizada, en el exterior del país la docencia universitaria demanda doctorados y hasta posdoctorados. A ello este docente formado en EEUU añade otro factor estructural: “Nuestra industria compra de afuera todo lo que es tecnología, nuestro industrial típico es más comerciante que industrial”.

“Entonces no hay en Bolivia departamentos o institutos de innovación y desarrollo –concluye Zapata-. Es por eso que gente muy brillante no vuelve o retorna al exterior. En Bolivia las dos universidades con mayor investigación son la San Simón y la UMSA, con el 8 y 6 por ciento de docentes aplicados a esa labor. En el estudio de los suecos se nos comparaba con países africanos y fíjese que allá las cifras eran muy superiores en varios casos: en Ruanda 24 por ciento; en Uganda 73 por ciento, en Tanzania 40 por ciento; en Mozambique 49 por ciento”.    

 

NO SÓLO LOS ACADÉMICOS

Así Zapata, quien cuenta entre quienes decidieron retornar, suma cifras de escándalo a los factores que impulsan la fuga de cerebros bolivianos. Una fuga a la que se añaden muchos más casos menos marcados por los récords académicos y el brillo de las becas. Según un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) hasta 2016, y en una década, la salida de personal calificado de los países del sur del planeta aumentó un 72 por ciento.

En ese escenario entre la diversidad de casos, cuenta una anécdota adicional relatada por el ingeniero agrónomo José Andrade. “Era a fines de los 70, a las zonas productoras de quinua llegó una misión estadounidense que quería ver cómo mecanizar la cosecha y desarrollar mejores sistemas de siembra-recuerda-. Sus intentos fallaban una y otra vez. Hasta que alguien les comentó de un campesino que destacaba por sus habilidades para lograr un excelente producto. Unas semanas más tarde lo habían convencido para que se vaya con ellos. Nunca volvió”. 

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