Salud renal infantil. Errores comunes de higiene, señales de alerta y prevención
La salud urológica en la infancia es un tema que, a menudo, pasa desapercibido hasta que surgen complicaciones visibles. Sin embargo, la prevención temprana y la corrección de hábitos cotidianos pueden marcar la diferencia entre un riñón sano y una patología crónica irreversible. En una reciente entrevista con la Revista OH!, el destacado cirujano urólogo pediatra, Rafael Enrique Jordán, detalló las señales de alarma que todo padre debe conocer.
Cuándo IR al especialista
A diferencia de lo que se suele creer, el especialista subrayó que no todo dolor es una infección, pero existen signos inequívocos que requieren una valoración urgente.
“Los datos de alarma más frecuentes que pueden tener los niños para acudir al urólogo pediatra, en primer lugar, son los datos de fiebre y de infecciones urinarias de recurrencia”, explicó Jordán.
La fiebre continua sin causa aparente es el primer indicador, señaló. Sin embargo, existen otros dos escenarios críticos: el dolor testicular agudo en los niños varones y la hematuria (presencia de sangre en la orina).
“Es de manera urgente que puedan acudir con nosotros para tener una valoración previa”, enfatizó el experto. Asimismo, subrayó que estos cuadros requieren intervención inmediata para descartar daños mayores.
Errores de higiene
Jordán identificó dos errores cotidianos que cometen los padres, muchas veces impulsados por mitos culturales o el marketing de productos infantiles:
- En niños: La manipulación incorrecta de los genitales. “El error de higiene más común es cuando los padres intentan la retracción forzada del prepucio y ocasionan lesiones que pueden llegar a cicatrices y a causar una urgencia”, advirtió el médico.
- En niñas: El uso de productos químicos, como el uso de toallas húmedas perfumadas o cremas para asear la zona genital. Esto puede ser contraproducente, mencionó. “Causan lesiones en la mucosa de la vagina y de la uretra. No las recomiendo. Recomiendo agua, jabón simple, jabón neutro y un aseo normal”, sugirió.
Infección vs. irritación
Una confusión frecuente en la pediatría es asumir que cualquier molestia al orinar es una infección, lo que lleva al uso indiscriminado de antibióticos, una preocupación creciente en la comunidad médica. Ante este panorama, el médico explicó cómo diferenciar los cuadros.
“La forma más clara de detectar una infección urinaria es la presencia de fiebre, dolor abdominal, el niño se pone mal, tiene náuseas, tiene vómitos, se siente indispuesto”, detalló. Por el contrario, si el niño solo presenta ardor al terminar de orinar o enrojecimiento externo, lo más probable es que se trate de una irritación local (balanitis o vulvovaginitis) y no de una infección bacteriana.
Para evitar medicar erróneamente a los hijos, el especialista instó a tomar en cuenta que “una sospecha de infección urinaria tiene que ir acompañada de un examen general de orina y un cultivo. El uso indiscriminado de antibióticos que tenemos en esta última época es abundante, entonces tenemos que medir muy bien qué tipo de armas vamos a usar”.
Reflujo y daño renal
Además de las infecciones visibles, Jordán alertó sobre las enfermedades silenciosas del tracto urinario superior, como el reflujo vesicoureteral (retorno de la orina hacia los riñones) o estenosis (estrecheces) en los conductos.
Estas condiciones, si no se detectan en los primeros meses de vida mediante una consulta preventiva, pueden ser perjudiciales.
“A veces es tan silenciosa que ya directamente aparece con una lesión renal.Una lesión irreversible es cuando los niños empiezan a consultar con nosotros”, lamentó el doctor. La consecuencia final de no acudir a tiempo al especialista es la enfermedad renal crónica, que podría derivar en la necesidad de diálisis o trasplante. “El trabajo del urólogo pediatra es prevenir y cuidar los riñones de que sufran lesiones para que estos puedan funcionar bien hasta el final de la senescencia”, sostuvo.
Por ello, recomendó que todos los niños tengan al menos una valoración urológica en los primeros meses de vida, independientemente de si presentan síntomas o no, para descartar malformaciones congénitas.
La regla de oro
Jordán ofrece una serie de hábitos prácticos para blindar la salud renal de los niños desde casa:
- Hidratación adecuada: La fórmula es simple. “La cantidad mínima está calculada más o menos en 30 ml por kilo de peso del niño”, explicó.
- Micción programada: Los niños deben orinar cada 3 horas y no aguantarse las ganas.
- No apresurar el pañal: Aconsejó no intentar quitar el pañal antes de los 2 años, respetando la maduración fisiológica de la vejiga.
- Cero bebidas azucaradas: Jordán fue enfático en eliminar sodas y jugos industrializados debido a su exceso de sodio y conservantes.
“Encuentren un hábito en el tomar agua y acostumbren a dejar de lado todas estas cosas que nos meten con publicidad”, concluyó.

























